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Chicama01Chicama retrata las carencias del sistema educativo peruano. La película peruana del trujillano Omar Forero funciona como denuncia, y también como documental, sobre este problema en la educación que se sabe y que la sociedad no quiere ver.

La película es simple, no es necesario crear conflictos, porque el problema está ahí. Un joven profesor, inexperto, quiere empezar a trabajar en Trujillo, pero la única vacante que tiene a la mano pertenece a un pequeño y pobre colegio de la sierra de la región La Libertad. Ante las pocas opciones que tiene de llegar a Trujillo, acepta. Al llegar nota una realidad que supera la teoría porque a veces la pobreza y la indiferencia supera las palabras. La descripción en los libros no necesariamente retrata fielmente este olvido.

La historia se enmarca en un pedazo de la historia de este maestro, por eso los diálogos no ayudan a revelar el problema sino que las imágenes hablan por sí solas: antiguas pizarras verdes, colegios divididos por cartones, alumnos que deben caminar horas para llegar a clases, maestros que abandonan el trabajo, carpetas inadecuadas, entre otros problemas que en pleno siglo XXI no se pueden resolver. Escenas que se combinan con la soledad y la pobreza en que vive el pueblo donde se desarrolla la historia.

Tampoco requirieron de un reparto con actores conocidos, sino que la cinta recurre a intérpretes que se asemejan a la vida diaria como lo hizo Claudia Llosa en Madeinusa.

La propuesta es buena y cumple con hacernos reflexionar y hacer desviar nuestra atención hacia esas poblaciones olvidadas por los peruanos bendecidos por el crecimiento económico y la modernidad que trae.

Esta cinta regional es buena y recomendable, aunque difícilmente llegará a todas las salas regionales del país.

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