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Llegó a la cartelera peruana la comedia mexicana, Qué culpa tiene el niño, protagonizada por la actriz Karla Souza. La película parece una versión latina de Ligeramente Embarazada (pero no lo es). Aquí no hay reflexiones ni frases célebres de lo que implica una etapa de gestión, sino sucesos que buscan entretener y hacer reir al público.

La historia de la cinta es sencilla. Maru se emborracha y concibe un niño con un estudiante de preparatoria que conoce en la fiesta. No sabe qué hacer. Decide conocer directamente al padre de su hijo y se lleva una decepción al reparar que aún no terminó el colegio. Por eso decide abortar. ¿Lo hará?

Bueno lo hace (perdón por el spoiler, pero es irrelevante este dato) y al no tomar esta radical decisión, la historia activa una sucesión de acontecimientos que nos lleva por situaciones que buscan hacernos reir.

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La primera mitad de la cinta no va por el lado romántico, sino por una protagonista que busca al padre de su bebé por el interés de mantener su status y proyectos. Además de obligada por su padre, quien compite en una campaña electoral, a quien no le conviene este tipo de escándalos.

Bajo esta línea, la protagonista se mantiene fría y utiliza al joven padre de su hijo. Lo contrario sucede con el muchacho quien, en su inocencia, cree estar enamorado de Maru y ella de él.

Así la sociedad transcurre en medio de humor, ocurrencias, irrelevancias, y luego al final llega el lado romántico que de una forma más rápida activa el amor y el romance entre los protagonistas.

La cinta no es una reflexión sobre la etapa de gestación, sino una oportunidad para entretener al público. Desde que inicia la cinta nos hace recordar a Ligeramente Embarazada. Podemos hasta decir que se parece, pero solo está la idea, porque en el desarrollo, Qué culpa tiene el niño, solo es una comedia más que busca que el público pase un buen momento.

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