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La quinta temporada de House of Cards pone a Frank Underwood en situaciones que solo existirían en ficción. Los escritores utilizaron los extremos de las normas norteamericanas para demostrarnos que su personaje irá hasta los límites de Ley para aferrarse al poder.

Con esta temporada, una de las series más populares de Netflix, ya perdió definitivamente el realismo que ofrecía hasta en las primeras etapas de la serie. Se divorció de esa fortaleza. Ahora solo tenemos frente a nosotros pura ficción. Nada más.

Ese tipo de conspiraciones solo funcionarían en la cabeza de Underwood, porque en la vida real, un villano de ese tamaño sería detenido de otra forma. O ya sería un dictador, como lo demuestra la historia.

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No obstante los planes de Underwood podrían jugarle en contra porque favorecen a su aliada más ¿leal? Claire Underwood, a quien ungió, gracias a sus conspiraciones, como la primera presidenta de los Estados Unidos (obvio solo es ficción).

claire underwood

Pero hay un punto que Underwood no tomó en cuenta. Sus permanentes desprecios hacia Claire y su capacidad para gobernar y manipular el poder. La exprimera dama se da cuenta de esos desplantes, aunque no hay drama, las palabras hieren más que los gritos.

Así que la guerra que se viene es más por demostrar a Frank que es igual de despiadada que él. Y Underwood parece que no se da cuenta.

Y mientras ellos se van destruyendo hay otros que van sacando ventajas. Aquellos que trascienden al poder y se mantienen junto a él, aunque cambie de nombre.

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La quinta temporada ha sido más conspirativa y se ha puesto en evidencia más a los lobos capaces de ceder y traicionar para quedarse con un porcentaje de poder. También hay mucha sutileza, pero diálogos directos y honestos que suenan a amenazas.

Buen trabajo de Robin Wright como Claire Underwood. Sin duda su temporada.

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Si lo mejor viene al final o no. Sinceramente la sentí igual, aunque House of Cards tiene algo que te llama a verla una y otra vez.

 

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