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Transformers: El último caballero es un mal intento de darle profundidad a una historia de efectos visuales y explosiones. Dos horas y media de duración es demasiado para una propuesta que no ofrece nada nuevo; solo humor, tecnología y teoría de conspiración.

En esta quinta película de Transformers se acomoda la leyenda del Rey Arturo para darle más valor a los robots en la Tierra. Merlín tiene en su cetro el poder para devastar el planeta, por eso los enemigos de la humanidad lo quieren. Y los buscarán hasta encontrarlo.

Desde el momento en que se sabe de este poder se desarrolla una historia al estilo del Código da Vinci donde los elegidos deben ubicar el lugar que cobija esa fuerza destructora que anhelan los alienígenas.

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La historia es absurda, melosa por momentos y fallida en su ejecución. Parece que hubieran querido alejarse del formato de efectos visuales, acción y humor para ofrecer algo más al espectador, pero no funciona.

Lo peor es que los trailer presentaron al eterno protagonista de la franquicia, Optimus Prime, como una amenaza en esta historia, así como lo fue Dominic Toreto en Furiosos 8. Pero la amenaza no es amenaza. Apenas dura unos minutos. El supuesto villano se desinfla apenas pisa la Tierra y deja a paso a los eternos antagónicos de los hombres.

Hay personajes irrelevantes que innecesariamente hacen alargar la historia como la presencia de una niña que más genera problemas que soluciones.

Transformers: El último caballero no es una película recomendable. Hay humor. Por momentos te ríes. Pero no es suficiente para pagar una entrada.

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