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La dureza expresada en las críticas escritas sobre la película peruana, Once machos, está justificada. No es una buena cinta. Lo peor es que su historia tiene bastante parecido al filme animado Metegol de Juan José Campanella del 2014.

Once machos es un club amateur que se mantiene en la liga más por suerte que por talento. Sin embargo tiene las agallas de retar a un empresario interesado en comprar su barrio para construir un centro comercial. La historia de David y Goliat otra vez en la pantalla grande.

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La historia de esta cinta es superficial. No desarrolla nada. Ni personajes ni tramas. Hasta se parece a Metegol donde el villano regresa para comprar un pueblo y construir un estadio. Y qué creen. El equipo de esa villa, al igual que Once machos, no tenía talento ni para patear la pelota. Solo que en Metegol se sustentaba bien la razón por la cual es débil equipo de barrio gana el partido.

Lo único bueno de Once Machos son los chistes de chacota donde no puedes esconder la risa. Y el villano cuyo lenguaje lo hacía más cómico. Del resto todo está mal.

Dicen que de buenas intenciones no se puede hacer cine, pero sí taquilla. Porque a esta película le va bien. Y a la gente parece haberle gustado. Si ese era el objetivo del director y productor de la película bien por ellos. Pero el cine no está contento, una vez más.

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