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La sobria rutina de la reina Victoria se ve alterada cuando llega un maestro indio, Abdul, a su corte. En los últimos días de su vida toda parece mecánico para la soberana. Ya ni siquiera la toman en cuenta en las decisiones de palacio. Su presencia solo significa una firma. Pero cuando llega Abdul nace un estímulo en la monarca para aprender y sonreír.

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Esta película es la historia de dos cómplices, dos amigos, que se alimentan de sus energías para mantenerse en pie en esta triste vida.

La vida de Victoria cambia. Se vuelve más activa, alegre y con ganas de aprender. Abdul aporta en esta transformación, pero también hay repercusiones positivas en su vida. Mejoran las condiciones y oportunidades para él y su familia. Ambos se ayudan, aunque Victoria recibe la mayor parte de los beneficios.

No obstante esta amistad debe lidiar con los chismes y celos de una corte que no ve con buenos ojos a Abdul. No lo quieren en palacio. Más aún cuando las decisiones de la reina está influenciadas por este personaje. No lo soportan. Quieren que se vaya. Pero Victoria no.

Victoria y Abdul es correcta. No arriesga. Sigue el camino de una comedia de amigos bastante vista en el cine donde la intención es sentir empatía por estos personajes. Donde los cómplices hacen travesuras; hay mucho humor, hasta que la relación se fractura.

El trabajo de Judi Dench es bueno. En la escena inicial se encarga de mostrarnos una abuela apática y desconectada con su alrededor. Y al final retrata bien los últimos momentos de la reina Victoria.

Es una película bonita, dulce, pero nada más. Recomendable para aquellos que les gusta este tipo de cintas.

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