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Black Mirror en Netflix combinaba la tecnología con el terror. Te daba miedo y al final te hacía pensar. No es que sus capítulos exponían los malos hábitos en que caíamos con nuestros smartphone o computadoras, y ahí quedaba. Todo lo contrario. Te hacía pensar a la fuerza.

SORPRÉNDENTE: Un cuy resolvió el crimen en Black Mirror

Recuerdo ese episodio donde un adolescente es chantajeado con un vídeo donde se le ve masturbando. Y para no publicar ese material lo obligan a cometer hasta crímenes. Uno piensa y dice mejor cerrar la laptop para que nadie espíe por tu cámara. Mejor prevenir antes que lamentar.

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Así funcionaban la mayoría de episodios de Black Mirror. Se iba al extremo. Ahora, en esta cuarta temporada, se ve más drama que tecnología. Los inventos son accesorios, parte del contexto, en un mundo que parece no cambiar ni inmutarse ante tremendos avances tecnológicos.

No ha sido una buena temporada. Ha sido irregular. Con un buen episodio: Cocodrile, donde una mujer mata para que no la descubran involucrada en un asesinato. Aunque la aparición del cuy mágico en la resolución de los homicidios no se llamarla genial o absurda.

Cocodrile.

Lo cierto es que esta cuarta temporada de Black Mirror giró más sobre el control. Tener el poder sobre la gente o tus hijos y como la tecnología puede ayudarte en ese camino. Hasta se intentó controlar el amor, otro buen episodio, aunque el corazón venció a las aplicaciones.

Por lo pronto nada superará la enorme tercera temporada con varios episodios memorables que llevaron al extremo a los personajes.

Mírenla y saquen sus conclusiones.

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