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Django sangre de mi sangre ha sido una sorpresa. Desde su presentación en medios de comunicación tuvo buenos comentarios. La crítica también va en ese camino.

LA OPINIÓN DE EL PIRATA: El regreso a lo grande de Django

Ricardo Bedoya de Las páginas del diario de Satan recoge lo mejor de la película, aunque no deja de destacar algunas debilidades.

Aquí se nota la mano de un director que sabe lo que hace. La trama es débil y muchas situaciones son convencionales y manidas –tópicos del género que Yashim Bahamonde y Salvini parecen haber cosechado en mil películas-, lo mismo que ciertos personajes, cercanos al trazo grueso, pero Salvini se las agencia para encontrar soluciones visuales, mantener la tensión y sostener la dinámica de un relato que avanza con intensidades diversas, tomando las agitadas mecánicas del thriller y los trazos visuales sumarios del cartoon.

La crítica escrita en RPP por Julio Escalante destaca la opción que significa Django para el cine comercial peruano.

Django, sangre de mi sangre es una reconfortante sorpresa. Es el tipo de película que necesita el cine comercial peruano. No es complaciente y se nota la intención de marcar una diferencia.

Cinencuentro, en una reseña escrita por Carlos Esquives, consideró que la cinta es más descarnada que su antecesora.

Es esa nueva representación de la violencia la que abre paso a que “Django: sangre de mi sangre” sea más descarnado que su precuela. Tiroteos, persecuciones y ultimaciones al paso dan la pauta de acción al filme. Salvini recarga con descaro todos los mecanismos empleados en “Django, la otra cara” (2002), los cuales atrajeron en su momento, pero además le empadrona una dosis de comicidad e ironía, como para confrontar con el estado de tensión o la propia acción, fabricando de paso ese rasgo de personalidad pintoresca

A Isaac León Frías de la revista Somos no le gustó mucho porque le puso dos estrellas sobre cinco

Le ha faltado a la película, y más aún viniendo de quien viene, una mayor dosis de delirio. El tremendismo se aviene muy bien con el estilo Salvini, acostumbrado a lidiar en el cine con personajes desmesurados y con situaciones insólitas. El material permitía llevar las cosas más ‘al extremo’, pero seguramente las opciones de cara a la distribución han frenado esa posibilidad.

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