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enrique victoria

Enrique Victoria era bravo. Decimos que era porque el actor peruano falleció a los 92 años de edad. Lo vimos en el cine, por última vez, en la buena comedia Viejos amigos. Tres ancianos buscando darle un entierro digno a su amigo. El personaje de Victoria es el más frontal. Decimos es porque siempre lo veremos en esta cinta nacional.

Pero en verdad la vida de Enrique Victoria tiene elementos para una película. Porque ha vivido tanto que da envidia. Se peleó con un cura, se cambio de nombre, recibió un balazo, peleó por sus compañeros y defendió a su hijo de aquellos que lo hacían menos por ser gay. Por eso muchos lo extrañan.

El día que se cambió de nombre

Cuando mueren sus padres actores, fue adoptado por una pareja amiga a la familia. No quería verlo como actor, sino que estudiara. Pero ya sabía su vocación desde pequeño. Por eso cuando tuvo la oportunidad de actuar la aprovechó. Le propusieron hacer radionovelas y para evitar problemas con sus padres se cambió de nombre. Se bautizó como Carlos Fernández.

En su casa no se dieron cuenta, hasta que una foto publicada en un diario de Lima lo descubrió. Su padre se mantuvo en sus trece y no quiso que actuara. Pero por intervención de su madre accedió, aunque con la condición que estudiara una carrera. Victoria lo hizo. Intentó estudiar ingeniería y literatura. Lo dejó. Luego técnico electrónico. Terminó, pero no ejerció.

Golpeó a un cura

También recordó, en entrevista al diario El Comercio, que goleó a un cura. Por eso lo echaron del colegio San Agustín.

Dijo que todas las mujeres que trabajaban en el teatro eran prostitutas. Le dije que era un mentiroso. Mi mamá era actriz. Me dio una cachetada y le di un cabezazo. Me botaron.

Consumió drogas

También hubo una etapa en su vida en que probó drogas, hasta que se volvió adicto.

Cometí la estupidez de muchos jóvenes de empezar con la marihuana. De ahí pasé a la cocaína y finalmente a la morfina. Pero yo solito ingresé a esa clínica. Tenía hijos y necesitaba mejorar. Estuve con una camisa de fuerza durante el periodo de abstinencia, vomitaba todo el tiempo y defecaba mis pantalones. Cuando terminó el tratamiento, el doctor me dijo: ‘su cuerpo está sano, ahora tiene que sanar su mente’, y lo hice con la ayuda de mi socio

Defendió a su hijo


Enrique Victoria recuerda que golpeó a un colega por defender a su hijo.

Casi le pego a uno en el Festival de Cine de Lima. Es que me dijo: “Usted como puede admitir que su hijo sea gay”. Y yo le agarré y le dije: “Y a ti que c… te importa”. ¡Era joven! Lo empujé y se cayó sentado, y recuerdo que le dije: “Párate para romperte la ‘jeta

Ambulante y ateo

enrique victoria

Dice que vendía caramelos en los buses. Que también fue ateo hasta que encontró a Dios en otra iglesia. Porque la iglesia Católica lo alejó del Todopoderoso.

He sido ambulante. He vendido golosinas en buses interprovinciales. También he sido ateo. No creía en los curas. De hecho, le pegué a uno en mi colegio, cuando dijo que las mujeres del espectáculo eran prostitutas, y me botaron. En los 80 nadie me quería. Un día que no tenía ni para el pasaje salí a caminar desesperado y llegué a un templo de la Iglesia Mesiánica Mundial

Luchó por sus compañeros

También fue sindicalista. Lucho por los derechos de sus compañeros. Aunque consideró que hasta la fecha no cumplen con sus compañeros de trabajo. Esta defensa vino desde cuando era menor de edad. Sus padres tuvieron que autorizarlo bajo juramento para que liderara un sindicato.

Ahora sabemos porque lo extrañan tanto.

CINE

  • La muralla verde
  • Viejos amigos
  • Alias la gringa
  • El acuarelista
  • Imposible amor
  • Viaje a Tombuctú
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Haciendo un flashback reparé en que siempre he visto películas. Me acuerdo de Furia de Titanes; de las cintas de vampiros que no me dejaban dormir; de Quo Vadis y todas las cintas de Semana Santa. Y hasta hoy, ya mayor, me siguen acompañando. Las películas son mis mejores amigas. La compañía en ratos de soledad y, por momentos, las respuestas a las dudas generadas por nuestra cabeza. La idea de esta página no es más que compartir lo que me gusta con ustedes e invitarlos a disfrutar, como yo, de este arte.

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