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Una voz en off nos introduce a La forma del agua (The shape of the water). Solo se ve el agua. Luego vemos a la protagonista, Elisa. Se levanta, se prepara un baño, se prepara tres huevos y mientras hierve, eso parece indicarnos la película, se mete al agua y se masturba. Vemos a al actriz completamente desnuda y dándose placer en el agua caliente. Que tal sorpresa y ni siquiera pasaron dos minutos. Y la rutina es la misma todos los días.

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La forma del agua es la historia de amor de una trabajadora de limpieza con discapacidad vocal, o muda (si quieres que sea más directo) enamorada de un anfibio de forma humanoide. Le llama la atención. Hacen click y luego se enamoran. No necesitan hablar. Solo señas, miradas y ya; click otra vez.

Ella no es precisamente inocente. Tiene poco de tonta y mucho de inteligente, pero pertenece a ese grupo social que el resto quiere refundir en una esquina.

Precisamente ella encabeza un grupo singular: la mujer negra, el anciano gay, y el comunista que aún cree en su responsabilidad social. Todos diferentes, marginados por aquellos que creen calzar en un sistema dominado por hombres y blancos. Aunque la historia se supone se ambienta en los 70, parece una historia del 2017. Porque hoy hay los mismos y nuevos discriminados por aquellos que se creen superiores por su piel o religión.

UNA RELACIÓN FLUIDA COMO EL AGUA


La relación de Elisa y el hombre anfibio fluye como el agua. Se dejan llevar. No es que ella de señales de vivir en soledad, pero sí es una soñadora. Y en ese sentido la acompaña el cine. En esta película Guillermo del Toro hace varios homenajes a películas musicales en blanco y negro. El cine y el amor van de la mano.

No obstante el final me hizo recordar al Laberinto del Fauno. Igual de inesperado, pero bastante similar.

La forma del agua es una buena película con una buena técnica que disfruta de los colores, las luces y del amor debajo del agua.

Reseña Panorama
Buena
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Haciendo un flashback reparé en que siempre he visto películas. Me acuerdo de Furia de Titanes; de las cintas de vampiros que no me dejaban dormir; de Quo Vadis y todas las cintas de Semana Santa. Y hasta hoy, ya mayor, me siguen acompañando. Las películas son mis mejores amigas. La compañía en ratos de soledad y, por momentos, las respuestas a las dudas generadas por nuestra cabeza. La idea de esta página no es más que compartir lo que me gusta con ustedes e invitarlos a disfrutar, como yo, de este arte.

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