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Wiñaypacha de Óscar Catacora se rodó a cinco mil metros sobre el nivel del mar en el nevado de Allincapac en Carabaya Puno. El rodaje demoró aproximadamente cinco meses, aunque la preproducción más, porque llegó a los tres años.

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La película, halagada por la crítica y bien comentada por el público, motivó que el equipo de producción, liderado por Catacora, instale un campamento en la comunidad de Pacaje, localizada a una hora de la zona del rodaje de la cinta.

Inicialmente la película iba a rodarse en la zona aymara de Puno, sin embargo notaron que los nevados no tenían hielo, así que optaron por Allincapac ubicado en la zona quechua de la región. Es decir grabaron el filme aymara en un sector de quechuas.

En esa zona también notaron que día a día el hielo cedía y es que el calentamiento global ha generado un cambio climático que no da tregua.

HASTA LA LLAMA COLABORÓ

Cada día debían levantarse entre las 5 y 6 de la mañana para cumplir con el plan de rodaje. Los equipos fueron llevados en camionetas, caballos e incluso la llama protagonista de la película ayudó en este objetivo. Así trabajaron durante largos cinco meses.

Construyeron la casa de los abuelos protagonistas y luego la desmontaron por acuerdo de la comunidad. Durante este lapso lucharon con el clima, pero también lo aprovecharon para contar la historia.

Por ejemplo, la escena de la potente lluvia se hizo en dos días, cuenta Catacora. El primer día no se logró como esperaba el director, pero al segundo resultó. Lo hicieron a las 9 y 30 de la noche. Luego le hicieron algunos ajustes de color y sonido en la posproducción.

El casting también demoró porque muchos no querían participar en la cinta por miedo o porque sus familiares no querían. Llegaron a Rosa Nina, quien accedió. Y para el papel del anciano recurrieron como última opción al abuelo materno de Catacora: Vicente Catacora. Luego los prepararían como actores para ejecutar las ideas del guion. Ambos no son actores.

Hay escena, por ejemplo, en que la toma se centra en los rostros de los dos ancianos bastante halagada por los espectadores. “En los ensayos notamos esta expresividad en sus rostros, pero no queríamos abusar de ella. Así que solo decidimos utilizar una sola toma para transmitir lo que se quería”, contó Catacora.

El rodaje se hizo en cinco meses e inició en marzo del 2016, pero recién terminó en el 2017. Por lo pronto los planes de Catacora es que la película termine bien su paso por la cartelera y luego se lleve a universidades o centros culturales. También se gestiona su presencia en algún festival en Europa.

 

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Haciendo un flashback reparé en que siempre he visto películas. Me acuerdo de Furia de Titanes; de las cintas de vampiros que no me dejaban dormir; de Quo Vadis y todas las cintas de Semana Santa. Y hasta hoy, ya mayor, me siguen acompañando. Las películas son mis mejores amigas. La compañía en ratos de soledad y, por momentos, las respuestas a las dudas generadas por nuestra cabeza. La idea de esta página no es más que compartir lo que me gusta con ustedes e invitarlos a disfrutar, como yo, de este arte.

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