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Caiga quien caiga no le hace justicia al libro, ni mucho menos a ese nefasto capítulo de la historia nacional. La película se basa en el libro del mismo nombre de José Ugaz, sin embargo deja muchos detalles al aire.

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“Caiga quien caiga” es una película basada que abarca la caída de Montesinos y su posterior captura. En su primer fin de semana de estreno convocó a 118 mil espectadores a nivel nacional.

El filme está protagonizado por Miguel Iza, destacado actor, quien interpreta a Montesinos, de quien copia sus gestos, forma de hablar y caminar.

La película tiene una virtud informativa que podría funcionar para aquellos que desconocen este capítulo de la historia contemporánea peruana. Pero peca de ligera y simple, obviando detalles importantes de uno de los casos más graves de corrupción que enfermó a nuestro país. El libro de Ugaz resulta más valioso para describir este capítulo negro de la política nacional.

ASÍ EMPEZÓ LA CACERÍA

El texto demandó 10 años en hacerlo. Se publicó recién en el 2014. Ugaz inició el proyecto, pero sus frecuentes compromisos laborales lo obligaron a postergar el texto, hasta que finalmente decidió tomar el toro por las astas y terminarlo. De primera mano conocemos cómo es que se labró el sistema anticorrupción que sancionó con cárcel a varios cómplices del régimen de Fujimori y Montesinos.

Ugaz ejerció como procurador de corrupción días después de la publicación del primer “vladivideo”, donde se ve a Montesinos entregando varios fajos de dinero a Alex Kouri para pasarse a las filas del partido de Fujimori. Así garantizarían mayoría en el Parlamento.

EL ENCARGO

Montesinos huyó y se requería capturarlo. El entonces ministro de Justicia, Alberto Bustamante Belaunde, lo convocó para empezar un proceso de lucha contra la corrupción. Ugaz aceptó, aunque desconfiado porque intuía que el gobierno de Fujimori no iba a dar las facilidades para investigar no solo al exasesor, sino también a todos sus cómplices.

Con ayuda de amigos y pocos recursos inició un sistema anticorrupción desde cero.

LA REUNIÓN CON FUJIMORI

caiga quien caiga

Tuvo una conversación con el entonces presidente, Alberto Fujimori. La reunión se produjo el 3 de noviembre del 2000 en el salón Grau de Palacio de Gobierno. Fujimori agradeció que haya aceptado el cargo. “Me contestó que era muy importante capturar a Montesinos quien había traicionado su confianza, pues ‘tenía chantajeados a varios de sus ministros’ y contaba con material fílmico que contenía todo”, se lee en el libro.

Párrafos más abajo Fujimori suelta una confesión: “-Ve usted doctor-me dijo. El que acaba de llamar es el primer ministro, Federico Salas, que está asustado porque él sabe que Montesinos lo ha filmado recibiendo una suma de dinero que excede su sueldo de ministro. Me sorprendió la naturalidad con lo que contó”.

Pero esa reunión no terminó bien. Fujimori sorprendió a Ugaz con una conferencia de prensa donde utilizaba la imagen de Ugaz para hacer creer a los medios que enfrentaría la corrupción de su gobierno. El entonces procurador tuvo que convocar un nuevo encuentro con los periodistas para aclarar que llegaría hasta las últimas consecuencias caiga quien caiga. El gesto no gustó a Fujimori y moldeó una relación tensa que pudo desencadenar en la renuncia de Ugaz, aunque finalmente no se produjo. Fujimori sí renunció meses después.

LA BRUJA DE FUJIMORI

La investigación empezó con Montesinos develando en el camino la enorme red de corrupción. El primer indicio fue el descubrimiento de 48 millones de dólares en cuentas suizas. Luego vino más dinero y con ello sus cómplices.

En ese camino Ugaz tuvo que sortear amenazas o la absurda orden de Fujimori de solicitar el allanamiento de dos casas en Chosica y Chaclacayo porque una bruja le había advertido que ahí se encontraba su exasesor. “Consultado el oráculo por la bruja en mención, esta le había señalado que aún se encontraba en el país (se refiere a Montesinos) y que estaría escondido por la zona de Chosica o Chaclacayo. Por este motivo, el presidente me solicitaba formalmente, como procurador, que orientara la búsqueda del prófugo en esas localidades”. Ugaz no le hizo caso.

Por otro lado en la película Caiga quien caiga se ve que la hija de Ugaz es secuestrada o que intentan atropellarlo, pero en el libro solo se habla de una concreta. Días después de la designación como procurador anticorrupción unos trabajadores del servicio de energía eléctrica aparecieron por su barrio haciendo bulla en la madrugada, lo que le llamó la atención. También cuenta que le asignaron como seguridad a uno de los hermanos Aybar Cancho, acusados de tráfico de armas a las Farc.

No se habla de colaboradores muertos, ni nada por el estilo.

LA CAPTURA DE MONTESINOS Y EL FBI

Mientras Ugaz iba buscando dinero se topó con el FBI, organización norteamericana que ayudó a la procuraduría en las investigaciones. A los oídos del exprocurador llegó la noticia del descubrimiento de 38 millones de dólares de Montesinos depositados en el Pacific Industrial Bank en Miami. Su intención era repatriarlos de inmediato, aunque encontró oposición en los banqueros. En ese episodio intervino el FBI y le pidieron, o rogaron, que no presione al banco, porque si trascendía esa información iba a frustrarse “un golpe grande” que tenían entre manos. Ugaz aceptó a regañadientes. Semanas después cayó Montesinos.

Según el libro Caiga quien caiga, Montesinos llegó a Venezuela y se puso en manos del exagente del Servicio de Inteligencia de Venezuela, José Guevara Chacón. Le pagó 1.2 millones de dólares para que lo lleve a una casa grande y con seguridad. Sin embargo lo internó en una casa en un barrio pobre. Montesinos “la pasaba encerrado en su habitación de tres por cinco metros en el segundo piso de la modesta casa leyendo o viendo televisión y a veces (…) lloraba porque temía por su vida”, se lee en el texto.

CAYÓ POR DINERO

Cuando Montesinos se quedó sin plata gestionó el retiro de los 38 millones de dólares que Ugaz iba a repatriar del Pacific Industrial Bank en Miami. Instruyó a su hija Silvana para que le entregue unos certificados del dinero a José Guevara Chacón, quien llegó de incógnito a Perú a recogerlos. El exasesor coordinó con un funcionario del banco para que entregara 700 mil dólares en efectivo y 3 millones de dólares en cheques. El ejecutivo alertado por esta operación, y conociendo la historia de Montesinos, informó al FBI.

El FBI recomendó seguir con la operación. Infiltró a un agente y atraparon a José Guevara Chacón cuando iba a cobrar el dinero. Lo amenazaron con acusarlo y llevarlo a una cárcel en los Estados Unidos. Pero le dieron la posibilidad de entregar al exasesor y cobrar la recompensa de 5 millones de dólares (que no cobró) que por esos años ofrecía el gobierno peruano. Guevara aceptó traicionar a Vladimiro Montesinos.

Pero el plan no salió como esperaba. Guevara pidió a la persona encargada de la custodia del exasesor sacarlo de la casa y llevarlo a la embajada de Perú donde iba a entregarlo, señala el libro Caiga quien caiga. Pero en lugar de dejarlo en ese lugar, por temor a las consecuencias, lo entregó a los agentes de inteligencia venezolana y después al presidente Hugo Chávez. Luego saldría el mandatario en conferencia de prensa a anunciar esta noticia. Según el FBI, Chávez no quería expulsarlo al Perú, pero al presionarlo, el jefe de Estado optó por hacerlo.

EL PRIMER ENCUENTRO

Montesinos regresó al Perú y fue internado en la Base Naval. El primer encuentro entre Ugaz y Montesinos no fue cordial, según el libro Caiga quien caiga. El exasesor lo ignoró. Lo miraba con desdén. En un segundo encuentro recién Montesinos lo trató mejor. Incluso le entregó un papel con un número de cuenta con más dinero depositado. Ugaz le pidió que se acogiera a la colaboración eficaz para acelerar su caso.

No fue un trabajo fácil para Ugaz. Hubo mucha presión. Campañas en su contra. Amenazas. Pero también aliados. Su papá jugó un papel fundamental como apoyo moral. Siempre respaldó su trabajo.

Lo que se encontró fue enorme e increíble; la película no le hace justicia al libro. Hoy resulta relevante volver a conocer este nefasto capítulo de nuestra historia. Porque nuestra memoria es demasiado frágil y antojadiza. Y porque los políticos han permitido que se repita otra situación similar que hoy involucra al sistema de justicia. Parece que nos cuesta aprender de las lecciones.

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