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Por Christiaan Lecarnaqué L.

Si tuvieras la cara de la monja frente a frente, nariz con nariz, te daría miedo. El maquillaje y los ojos contribuyen a este temor. Pero la película que aprovecha este personaje, presentado en sociedad en El conjuro 2, desperdicia esta impresión.

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Después de una hora y media, que dura la película, podemos concluir que La monja no da miedo.

El filme más parece una cinta de aventuras y zombies, que una de susto. Ni siquiera el golpe-efecto, ese truco que mantiene atento y luego aparece algo terrorífico de improviso para asustarte, funciona.

Se supone que en este filme se aborda el origen de este personaje. Un personaje que viene del infierno necesitado de un cuerpo “no humano” para quedarse en la Tierra y aterrorizarnos a todos.

Y se supone que la misión de un cura, una novicia y un joven apodado “El francés” bastante cómico, por cierto, es evitar que este ser demoniaco aflore y llegue a nuestro planeta, y lo destruya con su inmundicia diabólica. Algo así como Los vengadores de lo paranormal.

la monja

Pero, primero, el sacerdote no sirve. Más estorba. Su función es contar historias, hacer flashback y exponer sus propios demonios. Sin él, la historia hubiera terminado igual.

Mientras “El francés” se hace el chistoso para cortar la dizque tensión que se vive en este historia. Y la novicia enfrenta sin problemas este reto, aunque sin darse cuenta, favorece la acción del demonio.

La historia se siente floja con episodios que nada contribuyen a la resolución del conflicto dramático. Con situaciones absurdas creadas para ceder al humor en contra del terror.

Muy lejos quedó esta historia de las dos Conjuro, e incluso de Annabelle, Creación. Lástima porque el personaje caló en la audiencia cuando lo presentaron en la sociedad cinéfila y merecía una cinta más o menos decente. Nada difícil ni complejo. Simplemente un filme que asustara.

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Haciendo un flashback reparé en que siempre he visto películas. Me acuerdo de Furia de Titanes; de las cintas de vampiros que no me dejaban dormir; de Quo Vadis y todas las cintas de Semana Santa. Y hasta hoy, ya mayor, me siguen acompañando. Las películas son mis mejores amigas. La compañía en ratos de soledad y, por momentos, las respuestas a las dudas generadas por nuestra cabeza. La idea de esta página no es más que compartir lo que me gusta con ustedes e invitarlos a disfrutar, como yo, de este arte.

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