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Una maldición alcanza a la familia Crain cuando habitan una antigua casa. La idea es disfrutar el verano en esta vivienda, repararla y venderla. Pero el negocio les sale mal en La maldición de Hill House.

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Sucesos extraños empiezan a atormentar a esta familia. Los niños ven muertos y gente caminando. La madre presenta fuertes dolores de cabeza que la sacan de la realidad. El padre sigue en sus metas: reparar la casa y venderla.

El clan se divide cuando la mamá muere en extrañas circunstancias. Abandonan la casa y cada miembro sigue su vida. Aunque esa historia, la casa y la maldición, los persigue.

No obstante, y cuando La maldición de Hill House hace flashback, su actual vida contrasta con la felicidad de pequeños. Ahora son una sombra con varias cuentas pendientes por resolver, con miedos, resentimientos y frustraciones acumuladas a lo largo de los años.

Así como una tragedia los alejó, otra los unirá encaminándolos hacia las respuestas a preguntas que se hicieron toda su vida. Porque así se vencen, según el cine, y ahora la televisión, las maldiciones con la familia unida. Como sucedió en El conjuro.

El terror de esta cinta se soporta en los fantasmas que caminan, incluso levitando, por esta casa. Y los efectivos gritos que suelen acompañar este tipo de historias. Pero más que el miedo es el interés que tenemos por conocer esas respuestas que agobian a la familia Crain.

El suspenso se juega y actúa bien enganchándote a continuar con el siguiente episodio.

Sin embargo cuando llegas al final te das cuenta que la maldición tiene dos efectos: atraparte y darte la oportunidad de vivir tus recuerdos y atesorar esos momentos de felicidad. Tiene el efecto de darte una segunda oportunidad. Por eso es mejor mantenerla, conocerla y saber cómo usarla a tu favor, como explican los antiguos empleados de esta mansión.

Buena historia recomendable y disponible en Netflix. Tiene 10 episodios, cada con una duración promedio de 50 minutos.

Reseña Panorama
buena
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Haciendo un flashback reparé en que siempre he visto películas. Me acuerdo de Furia de Titanes; de las cintas de vampiros que no me dejaban dormir; de Quo Vadis y todas las cintas de Semana Santa. Y hasta hoy, ya mayor, me siguen acompañando. Las películas son mis mejores amigas. La compañía en ratos de soledad y, por momentos, las respuestas a las dudas generadas por nuestra cabeza. La idea de esta página no es más que compartir lo que me gusta con ustedes e invitarlos a disfrutar, como yo, de este arte.

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