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Roma: Recuerdos de una valiente Cleo

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Por Christiaan Lecarnaqué L.

Les voy a contar un spoiler… de Roma.

Los gritos y órdenes de una sala de maternidad desesperan. Apenas se escucha los lamentos de la parturienta. Puja en silencio. Los médicos y enfermeras que la rodean nunca dejan de hablar. Siempre hay algo que decir cuando llega una nuevo niño al mundo.

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La mujer está sola con ellos. Parece un camino obvio a la llegada del nuevo ser. Pero cuando el médico utiliza una especie de cono para escuchar los latidos del bebé dice: «No oigo nada, doctora», y lo dice varias veces. Preocupa. Suspende esta acción y en segundos verifica si la paciente está lista para el alumbramiento. Ese momento nos engaña y nos distrae de la información mencionada segundos atrás. Parece que todo saldrá bien. Porque la paciente está lista. Pero solo es una cortina de humo. Una advertencia de ese triste final.

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Porque en este parto no hubo llantos de un niño. Sino silencio. Un cuerpo inerte sale del vientre de Cleo. Los médicos intentan revivirlo. La enfermera utiliza dos dedos para empujar ese pequeño y delicado pecho. No hay respuesta. Cleo mira. Solloza. No hay respuesta. Ella no deja de mirar que su hijo no reacciona. No hay respuesta. Solo hay una, y no viene del bebé: «Lo siento señora…¿Quiere despedirse de su hija?» Cleo le dice que sí moviendo con la cabeza. El pediatra deposita en su pecho el cadáver de su primogénita. Las lágrimas caen sin color sobre las mejillas de Cleo. Es una escena terrible. Es un dolor a blanco y negro.

LO MEJOR DE CUARÓN

Cuando miras esta desgarradora escena de Roma, la nueva obra de Alfonso Cuarón, tu corazón te dice que todo saldrá bien, pero tu cabeza lo contrario. Los ojos se llenan de agua porque estamos acostumbrados a ver y escuchar el llanto de un bebé en una película. Pero verlo sin vida, en la mano de la obstetriz, traslandándolo a una camilla, mientras Cleo no deja de mirar, encima de otra, aún con las piernas abiertas, se te parte el corazón.

La historia de Cleo se cuenta sin censura en Roma. Ni cuando el padre de esa niña la deja sola en el cine al enterarse que será padre. Ni cuando su patrona le da una cachetada solo porque no evitó que su hijo escuchara una pelea con su marido. Qué hipocresía. Por qué tenía que pagar los platos rotos.

A Cleo se le ve en su hábitat. Encargándose de las tareas hogar, mientras el resto juego o se dedica a otras ocupaciones. Cleo es vital en esa familia de clase media. Conocemos su trabajo, decepciones y una relación ambigua con sus patrones. 

Roma es Cleo, y Cleo es Yalitza Aparicio, una maestra que esperaba enseñar en un colegio de México, y terminó haciendo un buen trabajo en esta película de Alfonso Cuarón. Su trabajo mereció muchos elogios, por cierto bastante justificados, e incluso se especula con una nominación al Óscar, francamente meritoria.

LO MEJOR

roma de alfonso cuarón

A la buena interpretación se suma la buena fotografía blanco y negro, el sonido aterrador de las olas llevándose unos niños o en esa sala de maternidad, el diseño de producción que no descuidó ningún detalle. Todo está ahí. Hasta el alfiler. Parece que Cuarón quería que sus recuerdos sean unas fotocopias en esta película. Porque esta película se basó en la historia de su nana: Liboria Rodríguez, así que tenía que ser muy personal e íntima.

Pero también habla de México. De una época borrada por la modernidad, pero presente en su memoria. Cada escena de Cleo nos lleva a ojear esa historia.

Roma es una buena película que fluye sin problemas. Es un viaje por la vida de Cleo, es un viaje por la memoria de Cuarón, y es una oportunidad para discutir sobre el rol que juegan estas mujeres, no solo discriminadas en México, sino también en Latinoamérica.

Buena obra Alfonso Cuarón.

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