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Dolor y gloria: Un camino doloroso pero necesario

Dolor y Gloria de Pedro Almodovar pone al protagonista en un camino de depresión y estancamiento creativo para reencontrarse con sus cuentas pendientes y enfrentarlos.

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Dolor y Gloria es una de las mejores películas del director español, Pedro Almodóvar. La película tiene como protagonista a Salvador, un exitoso cineasta agobiado por dolores físicos y del alma. Ya no sabe qué escribir, ni qué dirigir. Se siente desmotivado y creativamente atascado. Sin pasión y rumbo se entrega a los dolores infligidos a su cuerpo.

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Sin embargo este camino, que podría resultar dramático, agónico, el final de su carrera como director de cine, supone una vía para reencontrarse con su vocación.

LOS TRES ACTOS

Es que la depresión lo lleva a reencontrarse con tres importantes momentos de su vida. Primero, quizás profesional, con el actor a quien contrató por una película que no gustó, y que 30 años después es restaurada y valorada. Ambos resentidos, enojados, por mantener esa ira retenida, se reconcilian cuando decidan votar esa cólera contenida y hablar sin censura sobre ello.

Ese contacto lo lleva a un segundo acto: el recuerdo de un buen amor. Aquí también todo quedó a medias. No se dijo lo que debía decirse. El romance terminó con preguntas en el aire. Pero cuando se reencuentra, esta pareja le asegura que fue bueno lo que vivieron. Esas palabras hacen bien a Salvador. Son como medicina para su alma.

dolor y gloria

Este reencuentro, también, permite a Salvador ver y darse cuenta sobre la destrucción iniciada a su cuerpo y alma con las drogas. Reflexiona y decide encaminarse a una segunda oportunidad. Sin embargo la creatividad todavía no llega. Hasta que le vienen los recuerdos de su madre, aquella mujer fuerte, protectora y defensora del talento de su hijo.

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No crean. En teoría la relación madre e hijo es hermosa, pero en la práctica, hay conflictos. Resentimientos. Heridas por sanar. Ambos lo conversan y dejan todo claro. El hijo sabe lo que madre siente, y ella también. Porque la sinceridad es oportuna. No vale irse dejando preguntas sin respuestas.

Gracias a esta especie de reconciliación llega la creatividad y el empuje, ese motor necesario para volver a escribir películas.

UNA ADAPTACIÓN DE LA VIDA DE ALMODÓVAR

Una buena película de Pedro Almodóvar, una adaptación para el cine de su vida. Se siente madura, reflexiva, conmovedora, hace catarsis, fluye sin problemas, manteniendo su estilo.

Cuando repasas su trabajo te enfrentas a historias extremas, polémicas o tóxicas, donde finalmente prima “el no hay que por bien no venga”. En Átame, por ejemplo, un hombre con problemas mentales secuestra a una actriz y al final terminan enamorados y se van a vivir juntos. En La ley del deseo, el director de cine termina estimando al joven obsesionado con su trabajo. Y en Dolor y Gloria el cineasta se deja llevar por la depresión y drogas, pero finalmente se reencuentra con el camino de la creatividad necesaria para continuar su trabajo. A veces el riesgo nos da el giro necesario para tomar otra vez las riendas de nuestra vida.

DOLOR Y GLORIA AL ESTILO ALMODÓVAR

Ni mencionar su obsesión con el rojo evidente en casi todas las escenas de la película. Incluso en un ambiente verde, donde el protagonista se somete a una necesaria intervención quirúrgica, aparece el rojo de un extintor y en la montura de los lentes de uno de los médicos participantes en la operación. Ese color está presente en todas las películas. Siempre hay rojo en el cine de Almodóvar, sin precisar una razón para el uso de este tono.

No deja de incluir sus referencias a películas, ni las imágenes grandes contrastando con los personajes, deja a un lado un poco la comedia, y los secretos increíbles de los personajes al final de la película, para centrarse en el interior del protagonista.

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Antonio Banderas está enorme. Un buen trabajo. Como dice su personaje: “No es buen actor quien llora, sino quien controla sus emociones” como lo hace en esa conversación con su antigua pareja o su madre. Al personaje no se le siente dramático o pidiendo cuentas a la vida por este mal momento, sino cansado, llevando una pena por dentro, intentando ocultarla, aunque visible a sus seres queridos.

El tiempo madura las películas. Algunos críticos califican a Dolor y Gloria como una obra maestra. Solo sé que es una buena película. Y vale la pena verse dos veces, como ya lo hice. Véanla.

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