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Había una vez en Hollywood o un Tarantino en modo reflexión

Quentin Tarantino estrenó en Perú, Había una vez en Hollywood, una película de casi tres horas, no apta para todos.

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Cuando miras Había una vez en Hollywood te imaginas a Quentin Tarantino sentado con sus nietos contándoles cómo fue esa época de hippies y western. Relatando esa historia en forma pausada y lenta. Sacando lecciones de esas vivencias y apreciando sus buenos momentos. Sino fuera por la última media hora, francamente pensarías que no es una cinta made in Tarantino.

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La nueva película de Quentin Tarantino narra la historia del popular actor de western, Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) quien reconoce que su carrera está estancada. Duda de su capacidad y se apoya en su compañero, y doble de acción, Cliff Booth (Brad Pitt). Además de esta crisis, tenemos un homenaje a la joven y bella actriz, Sharon Tate (Margot Robbie).

Dalton tiene un problema. La popularidad ya no le garantiza estabilidad en Hollywood, así que lo proponen viajar a Europa para mantener sus ingresos económicos. No sin antes cumplir con trabajos pactados, donde intenta demostrar que es un buen actor. En cambio Cliff Booth va por el mundo resolviendo problemas, no tiene mayores responsabilidades que asistir a Dalton y descubrir los pocos límites de una comunidad de hippies nacida con fuerza en los 60.

A Sharon Tate nunca se le ve molesta, sino sonriente, bella, deslumbrante, talentosa y, al final de la película, radiante y embarazada. Su presencia más obedece a un homenaje a una actriz víctima de la crueldad y locura una pandilla de criminales. Fue asesinada por Charlie Manson y sus amigos en su vivienda.

La resolución de esta línea argumental recién la vincula con los personajes de DiCaprio y Pitt, quienes ejecutan la sentencia de Tarantino sobre los asesinos de Tate en la vida real.

EL JUICIO DE TARANTINO

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El director utiliza el recurso empleado en Los malditos bastardos y Django Desencadenado: narrar una historia a su manera y castigar en su película a los malvados. En Los malditos bastardos, las balas destrozan todo el cuerpo de Hittler y sus amigos quemados en un teatro; en Django Desencadenado los esclavistas son sometidos a la fuerza de un látigo por un hombre de color.

En Había una vez en Hollywood sucede lo mismo. Los asesinos reciben su merecido. Tarantino sentencia y les otorga una feroz muerte a cada uno. Dalton alcanza el nivel de heroísmo de sus personajes de películas y Booth no se sale de sus límites y ejerce el papel de todo doble de acción “hacer el trabajo difícil” (y de alguna manera Pitt tampoco deja de ser el eterno antihéroe a quien la audiencia adora).

Así la película transcurre en un Hollywood donde Tarantino parece no descuidar ningún detalle en escenarios, ni música, ni películas. Incluyendo todo lo que su memoria e investigación ofrece. Opinando a través de sus diálogos como aquellas palabras furiosas dirigidas a los hippies o esa burla directa a Bruce Lee a quien deja como una estafa comparada con la fuerza de Muhammad Ali, o los puños de Cliff Booth. Un poca injusta la sorna hacia Bruce Lee.

HABÍA UNA VEZ EN HOLLYWOOD ES BUENA, PERO…

La película es buena, pero de ninguna manera mejor que Tiempos violentos, Los malditos bastardos e incluso Django Desencadenado. Hasta los dos filmes de Kill Bill, podrían ser mejor que Había una vez en Hollywood.

Por momentos se hace lenta, miras el reloj y luego el celular. Por ejemplo, se extrañan esos diálogos anodinos, pero difícilmente olvidables como aquellos sobre el silencio incómodo en Tiempos violentos, o atrevidos, como el supuesto origen de la sumisión de los hombres de color, pronunciado por el personaje esclavista de Leonardo DiCaprio en Django Desencadenado. O el divertido análisis de Like a virgin en Perros de reserva.

Tiempos violentos

Incluso el excelente arranque de Los malditos bastardos que demuestran la enorme habilidad del “cazajudíos”, o el juego de espías en un bar de cerveza.

Hay más ejemplos que ayudarían a demostrar que Había una vez en Hollywood, no parece una película de Tarantino, sino un espacio para tomar un respiro, sentarse y reflexionar con un cigarro en la mano y una taza de café en la otra sobre una época que ya pasó.

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