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Gracias a Dios muestra una iglesia indolente ante víctimas de pederastía

Gracias a Dios muestra una iglesia indolente ante las denuncias de pederastía y eleva el drama de las víctimas quienes están enfocadas en conseguir la justicia negada.

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«Gracias a Dios, que los delitos han prescrito», dice aliviado un cardenal francés. Un periodista indignado se pone de pie y le replica: «Se da cuenta lo que acaba de decir». Pues no. El religioso jamás se dio cuenta lo que significa proteger bajo la iglesia a un pederasta, un confeso agresor sexual.

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Gracias a Dios es la película de Francois Ozon que aborda los abusos sexuales cometidos por un sacerdote en la iglesia de Francia. Se basa en hechos reales, hoy juzgados en ese país.

El filme se centra en la necesidad de las víctimas de encontrar justicia y castigar al responsable de los abusos. En esa cruzada los protagonistas deben lidiar con una iglesia indolente, incapaz de ponerse en sus zapatos.

La película es dura con la iglesia. Porque nunca se le ve solidaria con los denunciantes. Siempre trata de proteger la institución. Recurre al rezo para calmar las voces sedientes de justicia.

Por eso cuando el cardenal dice que «gracias a Dios, los delitos han prescrito», en verdad, su boca lo traiciona y expresa un alivio, porque supone que el escándalo ha terminado. Por el contrario, la búsqueda de justicia termina cuando las leyes de los hombres castigan efectivamente a su infractor. En este caso no ha sucedido así.

El filme de Francois Ozon critica esa indiferencia católica, subraya la malinterpretación de los mandatos del papa Francisco y destaca las contradicciones. Además matiza esa indolencia con el comportamiento de familiares ajenos a este drama, poniéndose de espaldas a sus parientes .

Por otro lado, el filme eleva el drama de las víctimas, coloca resaltador en su lucha y evidencia una herida no cicratizada que necesita de esa justicia para pasar la página, aunque sus rostros y vidas digan los contrario. Cuando hay cuentas pendientes, hay que sanearlas para vivir mejor.

Solo cuando los responsables de esos abusos sexuales sean sancionados con efectividad, recién así los denunciantes y sus familias podrán vivir un poco en paz. Pero también cuando la iglesia sea más activa y marche al costado de las víctimas.

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