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Casos complejos: Justicia al servicio de delincuentes

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No es tan fácil castigar a un delincuente cuando el sistema judicial funciona como su aliado. Se supone que el peso de la ley debe aplicarse en forma implacable. Pero se percibe ligera cuando los agentes asignados al cumplimiento de la norma se suman en la indiferencia y terminan por favorecer a los enemigos de la Ley. Casos complejos del director trujillano, Omar Forero, aborda una tragedia compleja, no porque sea difícil entenderla. Al contrario, cualquiera puede comprender el mecanismo criminal, pero las autoridades lo mezclan en un juego complejo de tecnicismos legales para soportarlo en desmedro de los vecinos.

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La película describe una organización criminal de pago de cupos perjudicial durante años al ciudadano pujante por llevar unos soles a sus familias, pero terminó compartiéndolos con los extorsionadores por temor a perder la vida. No había ni policía, ni fiscal ni juez que los defendiera.

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Casos complejos arranca con un caso puntual: dos sicarios matan a un mototaxista en una plaza de un distrito rural del norte peruano. No se conocen los motivos. Pero probablemente este humilde conductor no pagó el cupo semanal asignado por esta banda. A partir de este asesinato se suceden episodios francamente risibles: policías que no quieren ser testigos, vecinos con miedo a denunciar a los sicarios, jueces respaldando argumentos de la defensa de los criminales para liberarlos, jefes fiscales recomendando al más valiente del equipo mantenerse al margen, si aspira a mejorar su carrera en la institución.

Un fiscal valiente enfrenta cada obstáculo que lejos de desanimarlo lo empodera en su camino de desarticular esta organización y devolver la paz social al pueblo.
Pero por momentos un joven sicario, uno de los asesinos del mototaxista, parece tomar el protagonismo en Casos Complejos.

A través de él se conoce mejor la operación de los extorsionadores y su historia resulta mejor ejecutada que su contraparte, el fiscal valiente.

Las tomas en los cañaverales resultan visualmente agradables y contundentes al momento de ilustrar su ferocidad, como también en su escape de la ley.

 UN PERSONAJE MEJOR TRABAJADO

No solo nos quedamos con el sicario maldito capaz de gatillar el revólver en cumplimiento de la orden emanada por su superior, sino que tenemos a un personaje con un pasado poco favorable que lo predispone a la delincuencia, y un presente cuyo inconsciente lo traiciona y lo alerta sobre su mala conducta. Sin embargo, el delincuente que no quiere rehabilitarse, simplemente no lo hace.

Al describir el lado de los delincuentes se siente más natural, los diálogos más espontáneos, fluidos, se profundiza mejor el personaje del joven sicario, a diferencia del fiscal a quien se convierte en un personaje guía con quien tenemos un tour por la injusticia de la justicia peruana. Conocemos su hartazgo, pero no de dónde viene su valentía, así como sus convicciones y motivaciones. Otro problema es que se percibe poca contundencia en sus argumentos legales planteados en los juicios recreados para la película. Y poco ayuda en el mensaje los diálogos hasta mecánicos de su entorno. No suma al mensaje anticrimen.

No obstante, y con una buena puesta escena visual, la película resulta importante, supongo para el ciudadano harto de la inseguridad y vea reflejado su cansancio en esta película, pero no imagino a un funcionario corrupto dejando esta proyección, reflexionando y jugando a favor del buen vecino. La esperanza es lo único que se pierde, se dice, pero no estoy seguro de esta premisa.

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