Spider-Man: Un nuevo día supone otra oportunidad para explorar los orígenes del Hombre Araña, pero retomando sus inicios clásicos en el cine.
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Cuando Tom Holland empezó esta aventura en 2017 —hace casi diez años—, se le escribió un origen más racional al superhéroe, alejado de las propuestas descritas en las películas de Tobey Maguire y Andrew Garfield. Esta decisión coincidía con la tendencia de anclar a la realidad los nacimientos de los superhéroes en el cine, iniciada a partir de la trilogía de Batman de Christopher Nolan.
Por ello, en la primera película de Holland se percibía un tono diferente al de sus antecesoras; la intención era marcar distancias. Por ejemplo, aunque Peter confecciona un traje inicial, Iron Man le proporciona otro con lo último en tecnología. Del mismo modo, las telarañas no salían de sus muñecas, sino de dispositivos creados en los laboratorios de Tony Stark.
[¡Atención! Los siguientes párrafos pueden contener spoilers]
Casi una década después, en la cuarta película de Spider-Man con Tom Holland, se propone una reinvención del personaje a partir de sus orígenes clásicos. Este Hombre Araña, al igual que sus antecesores, carga con la muerte de su tía, afronta cambios biológicos que hacen innecesario el uso de prendas sofisticadas, tiene un oído más agudo y sus telarañas vuelven a salir directamente de sus muñecas.
Otra similitud clave: protege celosamente su anonimato y utiliza el traje de Spider-Man de pies a cabeza. Por eso no es casualidad que existan varios guiños a la primera entrega de Tobey Maguire (como la escena del beso). Sin embargo, el protagonista no acepta estos cambios de inmediato, sino que atraviesa un conflicto interno al asumir sus «nuevos dones».
¿Más películas para Holland?
Existe una clara intención de retornar a la narrativa clásica de la franquicia. ¿El propósito? Quizás darle un nuevo aire al personaje o dejar atrás la imagen del Peter Parker adolescente que se metía en problemas por su ingenuidad. Mediante este recurso, se busca conducir al personaje hacia la madurez narrativa y enfrentarlo a retos más complejos.
Contar Spider-Man: Un nuevo día desde sus raíces podría garantizarle a Holland un par de películas más antes de ceder el relevo a otro actor. El tiempo dirá si esta fórmula ayuda a mitigar la fatiga del género de superhéroes.
Asimismo, para conducir esa transición, la película presenta una villana compleja, astuta y con conflictos emocionales similares a los del héroe. La presentación de la antagónica es interesante —aunque involucra al héroe en la revelación de su identidad sus habilidades de detective son básicas (la película por sí sola presenta al antagónico)—; no obstante, como suele ocurrir en el Universo Cinematográfico de Marvel (para mi, un error), este personaje se redime hacia el final para formar una alianza en favor de la humanidad.
Spider-Man: Un nuevo día presenta más personajes
Por otro lado, cabe subrayar que la introducción de este personaje marca también el tan esperado regreso de los X-Men. La referencia es obvia por el nombre de la villana.
Retomar la fórmula clásica suena bien porque, en el fondo, el producto entrega lo mismo de siempre: escenas de acción (nada extraordinario), bastantes efectos visuales, humor adolescente y un enfoque emocional centrado en la relación con Mary Jane (Zendaya) y Ned.
Como indica su título, parecen avecinarse nuevos días para el enmascarado. Aportarle madurez al protagonista desde lo clásico fue un acierto; sin embargo, si la saga quiere mantenerse fresca, las secuencias de acción y los efectos especiales deberán innovar, o de lo contrario la fatiga del público volverá a hacerse sentir.



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