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    Napoleón: Crítica a la película de Ridley Scott y Joaquín Phoenix

    Napoleón es una caricatura en la película de Ridley Scott. Lo mejor son las batallas; el resto solo es relleno.

    SINOPSIS

    Narra los orígenes del líder militar francés y su rápido e imparable ascenso de oficial del ejército a emperador de Francia. La historia se ve a través de la lente de la relación adictiva y volátil de Napoleón Bonaparte con su esposa y único amor verdadero, Josefina.

    El Napoleón de Ridley Scott es una caricatura. No retrata un personaje solemne y serio como uno puede imaginarlo por relatos históricos. Al contrario juega en varios momentos de la película con humor y sarcasmo para burlarse de quien alguna vez fue emperador de Francia.

    Qué intención habrá tenido Scott para tocar con sarcasmo al personaje. Lo cierto es que en manos de Joaquín Phoenix queda bien. Hace reír y entretiene, por si esa era la intención del director. Pero si la expectativa era ver un drama serio como el Lincoln de Steven Spielberg, o Ghandi, pues están con la película equivocada.

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    Esto no es precisamente una fortaleza dentro de la película. Solo es un detalle que entretiene. Lo que sí empuja la cinta son las batallas. La recreación de un enfrentamiento en un lago congelado y otra referente a Waterloo son espectaculares. En pantalla grande se ven mejor y se aprecia el buen nivel técnico para contar esta historia.

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    Después es una historia que intenta abarcar la biografía de Napoleón desde los últimos rezagos de la Revolución Francesa hasta sus días finales. Se tocan con pinceladas algunos detalles biográficos. Se aborda un poco el romance con Josefina y se pone mucho empeño en sus conquistas.

    Si es o no históricamente correcta es lo de menos en las películas de Ridley Scott. Un ejemplo es Éxodo: Dioses y Reyes que aborda la vida de Moisés. Esta cinta la pueden ver en Netflix que curiosamente es una de las más vistas por estos días.

    Pero al verla notarán que prácticamente lo cambia todo. No solo intenta darle versomilitud a los milagros bíblicos, sino también quita y coloca personajes que nada tienen que ver con la versión real. Es como si el director excluyera todo aquello que no suma a su propósito.

    Pasa lo mismo con Napoleón, pero como hemos leído, esto no le interesa a Ridley Scott, sino que los espectadores la pasen bien en los cines. No obstante la película queda ahí nomás. Se olvida al salir del cine.

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