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    Todos somos extraños: Crítica a la película de Paul Mescal

    Todos somos extraños (All of us strangers) apunta a contar la historia de un escritor solitario quien todavía no supera la muerte de sus padres en un accidente de tránsito.

    SINOPSIS

    Una noche, en su torre casi vacía del Londres actual, Adam tiene un encuentro casual con un misterioso vecino, Harry, que pone patas arriba el ritmo de su vida cotidiana. A medida que va surgiendo una relación entre ellos, a Adam le preocupan los recuerdos del pasado y regresa a su ciudad natal y al hogar de su infancia donde sus padres parecen estar vivos, tal y como lo estaban el día de su muerte, 30 años antes.

    Todos somos extraños (All of us strangers) es una película triste. Tiene una temática LGTBI y gira más sobre esos pendientes que no hemos dejado atrás. ¡Qué película gay no es una tragedia!

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    El protagonista de esta historia Adam es un escritor solitario que todavía no ha superado la muerte de sus padres ocurrida en un accidente de tránsito.

    En ese reflexivo viaje al pasado aparece su vecino, Harry, con quien inicia una relación, primero, física y luego seria.

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    No obstante el recuerdo de la muerte de sus padres se mantiene. Entabla con ellos una conversación para conversar sobre algunos pendientes y, además, su sexualidad.

    La relación con Harry avanza, pero esta permanente búsqueda de respuestas con sus padres no ayuda a apuntalar mejor esa buena conexión conseguida con su vecino.

    Las primeras escenas en locaciones exteriores vacías, sin nada de gente en las calles ya nos advierte que hay un relato sobrenatural sin caer en la narración del género de terror y suspenso. Esa atmósfera nos ayuda a entender mejor las inquietudes del protagonista.

    Pero la película no es precisamente amable con Adam. Parece darle esperanzas a Harry, sin embargo sus demonios internos son tan fuertes que no le permiten amar tranquilamente.

    Incluso el final es desesperanzador, triste, trágico, por más promesas de amor que se hagan, el epílogo del solitario escritor no es bueno, como la mayoría de finales de películas gais hechas hasta la fecha. ¿Por qué los relatos apuntan a terminar en tristezas? ¿Por qué no darle esperanza a la audiencia? ¿O es que en la vida real los romances llegan a ese final? Quién sabe.

    La química entre los actores Paul Mescal y Andrew Scott es buena, sobre todo, este último quien interpreta bien a Adam al reflejar su dolor y poca esperanza en el amor.

    A ello hay que agregarla la buena fotografía que juega muchos con los reflejos de los personajes.

    Hay escenas de sexo, por si se lo pregunta, pero lo mínimo indispensable. La cinta es más un drama reflexivo que pregunta constantemente hasta encontrar una respuesta perfecta.

    Todos somos extraños es una película interesante, bien ejecutada, pero triste.

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    Una noche, en su torre casi vacía del Londres actual, Adam tiene un encuentro casual con un misterioso vecino, Harry, que pone patas arriba el ritmo de su vida cotidiana. A medida que va surgiendo una relación entre ellos, a Adam le preocupan los recuerdos del pasado y regresa a su ciudad natal y al hogar de su infancia donde sus padres parecen estar vivos, tal y como lo estaban el día de su muerte, 30 años antes.Todos somos extraños: Crítica a la película de Paul Mescal