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    Misión Kipi: Crítica a la película de Sonaly Tuesta

    Misión Kipi es una película dirigida por Sonaly Tuesta que transmite el trabajo del profesor Walter Velásquez en la fabricación de una robot.

    SINOPSIS

    Durante la pandemia, el maestro rural Walter Velásquez, dedicado por años a la ciencia y tecnología, crea una robot usando chatarra informática y la bautiza con el nombre de Kipi. La mayoría de los estudiantes de Walter dejaron la escuela ante la Covid 19 y regresaron a sus comunidades. Sin conectividad ni acceso por tratarse de centros poblados dispersos, Kipi se convierte en la asistenta del profesor y acompaña el peregrinaje educativo de su creador llevando los aprendizajes hacia las casas y comunidades.

    La película Misión Kipi tiene la buena intención de transmitir una proeza en el Perú: la fabricación de una robot para enseñar a niños y adolescentes de las comunidades campesinas del país.

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    Decimos que es una hazaña porque estos trabajos no se hacen todos los días en un país donde la educación y tecnología tienen poco interés para los políticos y ciudadanía.

    El profesor, Walter Velásquez, construyó a Kipi, un robot social capaz de aprender y transmitir conocimiento a los pequeños. También puede mover sus brazos y dar unas vueltas entre ellos.

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    La fabricación se hizo con piezas recicladas y durante la pandemia del COVID-19, época en que todo el país quedo recluido. El objetivo es enseñar a los niños de estas comunidades algunos con la suerte de ir al colegio y otros no.

    La película plantea la relación del profesor con la robot y luego con sus alumnos. A través de esas conversaciones conocemos un poco más sobre el proceso de fabricación de Kipi y los servicios que ofrece a los escolares. Digamos la puesta en escena es más lúdica que documentaria.

    FALTÓ ALGO

    Uno se queda con la sensación que hay muchas preguntas en el aire por responder. No conocemos a profundidad al profesor Velásquez (no recuerdo si se llega a mencionar su apellido), el creador de la robot. No sabemos cómo se convirtió en ingeniero y por qué decidió trabajar con las comunidades. Conocer sus motivaciones hubiera contribuido a saber más de este personaje.

    Tampoco sabemos en Misión Kipi si hubo un equipo detrás de esa creación o si recibió el apoyo de autoridades (lo que es fácil de suponer). Y detalles que los buenos documentales no dejan al aire.

    Si bien tenemos que celebrar la creación de esta robot, no podemos dejar de señalar que el escenario en que se desarrolla la historia refleja el olvido de un país a la educación y tecnología, ironías que no se hacen hincapié en este documental.

    Pero si la intención era que el Perú conociera de este trabajo, entonces el objetivo está cumplido. Lástima que la ciudadanía no respondiera como se esperaba (yo la miré con otras cinco personas en la única función disponible en Arequipa) y es que en el Perú no solo los gobernantes le dan la espalda a la tecnología, sino también su gente.

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    Durante la pandemia, el maestro rural Walter Velásquez, dedicado por años a la ciencia y tecnología, crea una robot usando chatarra informática y la bautiza con el nombre de Kipi. La mayoría de los estudiantes de Walter dejaron la escuela ante la Covid 19 y regresaron a sus comunidades. Sin conectividad ni acceso por tratarse de centros poblados dispersos, Kipi se convierte en la asistenta del profesor y acompaña el peregrinaje educativo de su creador llevando los aprendizajes hacia las casas y comunidades. Misión Kipi: Crítica a la película de Sonaly Tuesta