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    Ripley: crítica a la miniserie de Andrew Scott

    Ripley es una miniserie de ocho episodios estrenada en Netflix. Contada a blanco y negro pone en escena la perfección de un estafador.

    SINOPSIS

    Un millonario contrata al estafador Tom Ripley para que viaje a Italia e inste a su hedonista hijo a regresar a casa. La aceptación del trabajo por parte de Tom hace que éste se vea rodeado de riqueza, lujos y privilegios, haciéndose pasar por quien no es. Pero para conservar la vida que tanto desea, Tom tendrá que tejer una red de mentiras.

    En Ripley todo parece perfecto como su protagonista. La imagen, la composición, el encuadre, el color, parece que nada sale mal como los planes de Tom Ripley, un estafador exitoso capaz de vivir del dinero ajeno y que nadie se de cuenta de ello.

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    Esta miniserie de Netflix es una adaptación de la serie de novelas de Patricia Highsmith sobre el personaje de Tom Ripley. En 1999 hubo una película llamada El talentoso señor Ripley con Matt Damon y Jude Law (disponible en Netflix).

    En esta oportunidad los talentos ilícitos del personaje se desarrollan en una producción de ocho episodios para la plataforma más popular del mundo y cargo de Steven Zaillian, guionista de La lista de Shindler y El irlandés, entre otros.

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    BELLEZA QUE ABRUMA

    La puesta en escena se desarrolla a blanco y negro con imágenes bellamente compuestas para contar las fechorías de este estafador.

    Hay muchas tomas generales que nos dan una perspectiva en relación a su alrededor, pero hay un cuidado para que todo encuadre y funcione bien.

    Este trabajo no es propio de unos cuantos capítulos, sino que se observa en todos los episodios de esta miniserie. Por eso, por momentos, tanta belleza puede ser abrumadora y hasta exhausta. De lo mejor, poco.

    Así como abunda la belleza visual también aparecen con mucha frecuencia las escaleras. Ripley no deja de subir y subir por estas para alcanzar su destino. En el primer capítulo todos compartimos su cansancio que parece más ligero en los capítulos finales.

    Pero quizás esta propuesta busca encajar en los planes perfectos de Tom Ripley a quien le sale todo bien. Ni la suerte ni el destino pueden con él. Podríamos decir que están a favor de su genialidad, incluso cuando puede parece acorralado.

    No es una miniserie que corra rápido, sino se toma su tiempo en los diálogos y en la contemplación de sus imágenes. Con mucha paciencia va construyendo sus personajes y la atmósfera en que estos se desenvuelven.

    TODO DETALLE CUENTA

    También hay mucha paciencia en los detalles y decorados. Hay toda clase de objetos de la época a la mano de los personajes. Todo está bien cuidado y usado en la historia. Mientras que hay un trabajo minucioso para describir los crímenes de Ripley.

    El delito se consume con mucha meticulosidad y no se recorta para aligerar la historia, sino se pone a disposición del espectador para mostrar como funciona la cabeza del protagonista.

    Andrew Scott ofrece un personaje sin excesos, de gestos calculados y cambios convenientes. Y el gato (sí, hay un canino) aporta mucho desde un cómodo sillón. Es el testigo directo de los crímenes de Ripley y su mirada parece inculparlo. Lástima que no pueda testificar en una sala de juzgado.

    Hay que tenerle mucha paciencia a Ripley, pero no deja de ser un trabajo bien hilvanado, por momentos abrumador, con mucho detalle y composiciones visuales magníficas. Recomendable.

     

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