El primer minuto de Babygirl es intenso. Comienza con los gemidos de una mujer sobre una pantalla negra, hasta que se revela la escena: una pareja de esposos haciendo el amor en la cama de su dormitorio.
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El enfoque aquí es el placer femenino. Sin embargo, lo interesante ocurre después de lo que parece ser el clímax: la mujer abandona la habitación, busca una computadora, ve porno y finaliza lo que quedó inconcluso en la cama.
Así, la película gira en torno a la historia de Romy (Nicole Kidman), una mujer exitosa en lo profesional pero profundamente insatisfecha en lo sexual. En su búsqueda de algo que no encuentra dentro de las cuatro paredes de su hogar, se aventura en un territorio prohibido: el trabajo.
Samuel, un joven recién llegado a la empresa de Romy como practicante, se convierte en su inesperado objeto de deseo. Su osadía despierta el interés de Romy (la escena de la leche es buena), quien, guiada por el placer, decide arriesgarse a mantener una relación con él para satisfacer sus necesidades.
Esta no es la típica historia de drama erótico con escenas perfectamente coreografiadas y gemidos exagerados. Aunque hay una escena similar a Bajos Instintos, la película se esfuerza por ser lo más cruda, real y, en ocasiones, incómoda posible (como la escena de la sumisión).
Tampoco encasilla a sus personajes como símbolos sexuales idealizados, con cuerpos marcados y estilos impecables. Por el contrario, apuesta por una representación más humana y auténtica.
NICOLE KIDMAN, COMO NUNCA ANTES VISTA
Nicole Kidman asume uno de los papeles más atrevidos de su carrera en Babygirl. Arriesga al interpretar a un personaje tan complejo, y su esfuerzo fue recompensado con el premio a Mejor Actriz en el Festival de Venecia, además de otros galardones otorgados por círculos de críticos estadounidenses.
La escena inicial de Kidman es impactante, no porque esté mal hecha, sino porque cuesta imaginar a una actriz top mundial en un rol tan visceral. Sin embargo, ella lleva su actuación al límite y demuestra que no teme explorar personajes fuera de su zona de confort.
En Babygirl, Kidman no interpreta a la típica femme fatale de los años 90, sino a una mujer insatisfecha que ve una oportunidad y la aprovecha, como lo haría un hombre. Sin embargo, las consecuencias no son iguales para ambos géneros, y la película lo deja claro.
No es la película erótica habitual, pero sí es atrevida y, en momentos, explícita. Vale la pena verla.



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