Coyote vs. Acme es una película con nostalgia en una historia judicial clásica que mezcla lo humano con lo animado.
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El Coyote repara en que los accesorios de Acme no lo ayudaron a capturar al Correcaminos. Entonces viaja al mundo de los humanos para contratar a un abogado que demande a la empresa.
Sin embargo, las verdaderas intenciones del Coyote están escondidas. Quiere algo más y ese misterio será develado en la película, además de que su eventual juicio revelará el secreto mayor en Acme.
Coyote vs. Acme se desarrolla en ese género donde no hay límites entre lo animado y lo humano, como Los Pitufos, ¿Quién engañó a Roger Rabbit? o Space Jam. No hay una reinvención, sino una apuesta por la nostalgia en tiempos donde priman los recuerdos por las décadas pasadas. De esta manera, aquellos con más de 40 años revivirán en la pantalla grande los dibujos animados o caricaturas de su niñez, como el Coyote y el Correcaminos, personajes clave de los Looney Tunes.
Juicio al estilo Looney Tunes
Sin embargo, esta película no es pura nostalgia, sino que se afirma en una historia semejante a las películas judiciales. No hay precisamente una profundidad en este género, sino una aplicación de la estructura para imaginar este juicio al estilo de los Looney Tunes. Por eso es que observamos un humor fabricado al estilo de estas caricaturas donde prima lo irreverente, físico y absurdo.
Pero lo interesante en Coyote vs. Acme es que no olvida la naturaleza del personaje. No se deje engañar por un presunto pedido de justicia con resarcimiento de daños a Acme. Este personaje tiene un plan escondido y está vinculado a sus intenciones originales.
Un mensaje válido en el Coyote vs. Acme
Esto combina bien con esa crítica al poder de las corporaciones que la película subraya cuando otra de las caricaturas emblemáticas de este mundo, el Gallo Claudio, hace uso de la palabra en el juicio y muestra todo su cinismo para justificar las acciones de Acme. El Coyote también podría ser cínico porque no es precisamente un personaje noble, pero hay un detalle en el final que lo coloca en su real dimensión.
Luego, la cinta es sencilla y se apoya en la relación Coyote-abogado, donde ambos aprenden del otro. El Coyote tiene un propósito-como devorar al Correcaminos- y su abogado no, mientras que la mirada humana hacia el Coyote es la misma a todas las caricaturas: no tienen alma, pero su defensor probará lo contrario (aunque fracase en su intento). Este elemento funciona luego para distinguir las intenciones de Acme de las del Coyote. Esta no es una idea nueva, sino una especie de buddy story, un recurso clásico en el cine.
La nostalgia pura en el cine no funciona sola, sino que va acompañada de un guion por lo menos interesante para que complete el paquete de entretenimiento. En este caso, este detalle está cumplido y Coyote vs. Acme entrega una historia entretenida y válida para estos tiempos.














