Cien Años de Soledad, El Final no se aleja de la propuesta presentada, principalmente, en la segunda parte. Tenemos el estilo visual, el mismo narrador y un diseño de producción bastante destacable, pocas veces visto en una producción latina.
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Solo que, en esta oportunidad, hay menos personajes, menos bullicio, menos sabor y ritmo. El epílogo apunta a los últimos días de la familia Buendía, al cumplimiento de la terrible profecía sobre la llegada de un niño con cola de cerdo y a la decadencia de Macondo.
Entonces, observamos la casa de los Buendía en ruinas y habitada por dos personas unidas por el odio y el miedo. Afuera, en las calles de Macondo, el panorama es el mismo: la gente está envejecida como sus casonas de madera. En el aire se respira la caída en desgracia de la creación de García Márquez. De esta manera, del Macondo primitivo, fantástico y hasta poético de la primera parte, al moderno, sabroso y colorido de la segunda, se llega a un Macondo olvidado y descuidado como los Buendía.
Ahí hay un contraste interesante. El diseño de producción y las interpretaciones actorales ayudan a comprender que los mejores días de esta familia acabaron; también sus personajes, que no sueñan ni luchan. Están encerrados en sus odios (Fernanda del Carpio), en el miedo (Aureliano) o en los placeres (José Arcadio). Hay un nulo interés por transformar sus vidas o el exterior.
Propuesta visual arriesgada
La propuesta visual igual arriesga en Cien Años de Soledad, El Final. La toma del Buendía con cola de cerdo, cercado por las hormigas, es notable —y hasta terrorífica—, como aquella en la que aparece Amaranta Úrsula encima de una mesa. Por otro lado, las secuencias evitan el clásico plano-contraplano de los diálogos para proponer y componer tomas más interesantes. Esta quizás sea la mayor fortaleza de la serie.
La serie Cien Años de Soledad termina bien. Esta segunda entrega hace olvidar sus primeros tropiezos y habla desde el respeto al libro de García Márquez. Las adaptaciones literarias no tienen que ser literales, sino una propuesta que tome el espíritu del texto y, desde su propia visión, presente una nueva idea.














