Proyecto Fin del Mundo no apunta a contarnos una aventura por el espacio, sino una amistad con seres de otros planetas.
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Basada en el libro del mismo nombre, escrito por Andy Weir, la película, protagonizada por Ryan Gosling, tiene al investigador Ryland convocado para evitar la extinción del Sol y, en consecuencia, una catástrofe en la Tierra.
Entonces se planea una misión espacial con Ryland a la cabeza. El objetivo: salvar a la Tierra. Sin embargo, Proyecto Fin del Mundo gira y apuesta por la amistad. En ese sentido, aparece un personaje de otro planeta que entabla una relación con Ryland.
Un universo amistoso
Si en otras películas de Hollywood estos seres generaban miedo y repugnancia, en esta se observa complicidad y disposición a colaborar, ya que ambos comparten la misma misión.
Precisamente en ese camino por encontrar la solución más idónea para sus planetas es que el vínculo se refuerza. Cada desafío superado suma puntos a su relación, hasta convertirse en amigos entrañables.
Esta relación funciona más para Ryland, quien no tiene una buena imagen de sí mismo. Se asume cobarde y menos listo; sin embargo, este alienígena lo ayudará a comprender que está equivocado. No es la misión, sino él, quien le dará ese empujón que necesita para transformarse en un científico más valiente y confiado.
El sello de Andy Weir
Entonces, Proyecto Fin del Mundo, al adaptar una obra de Andy Weir —quien escribió El marciano, que se convirtió en Misión Rescate de Ridley Scott con Matt Damon—, sigue la misma premisa: ver al universo como un espacio retador, pero amigable.
Esa película de 2015, disponible en Disney+, salía del molde de las propuestas hollywoodenses de terror y violencia para proponer una historia más optimista sobre las aventuras espaciales. Ahí está la diferencia con el resto de filmes hechos sobre el espacio, porque el recurso de la amistad para transformar al protagonista es bastante conocido en esta industria. Aunque ejecuta bien este elemento.
Proyecto Fin del Mundo va hacia lo mismo, sin caer en complejidades o reflexiones profundas como Interstellar —aunque hay algunas referencias hacia esta película (la música, el sonido)—, ni tampoco en dramatismos exagerados y baratos.
Qué mejora en Proyecto Fin del Mundo
Pero hay dos aspectos, a mi juicio, que mejoran Proyecto Fin del Mundo. Primero, la propuesta visual. Las imágenes en el espacio son impresionantes, dignas de apreciarse en una sala de cine. Hay una variedad de colores que te hacen admirar la belleza del espacio.
Segundo, la interpretación de Ryan Gosling, quien combina su habitual humor y sarcasmo con una carga emocional interesante en momentos clave que proyectan el cariño de su personaje hacia su amigo.
Todo ello suma para que Proyecto Fin del Mundo sea una experiencia entretenida, con sustancia y alma, que nos invita a mirar hacia el cielo con optimismo y sin miedo a lo que podemos encontrar en planetas amigos.



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