La cuarta temporada de La diplomática está enfocada en presentar los efectos de las decisiones de la presidenta de los Estados Unidos y su impacto en la vida personal de los personajes.
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No obstante, un atentado contra la vida de la jefa de Estado condicionará sus acciones en los siguientes capítulos de la serie de Netflix. Si la gobernante manifestaba conductas extremas, este evento parecería radicalizarla, y este rasgo de su personalidad se observará hacia el final de la entrega.
Esta cualidad se mostrará al momento de tratar sobre la extracción secreta de un arma nuclear de un submarino soviético hundido en costas inglesas. El ardid pondrá a prueba la paciencia de la mandataria norteamericana, quien no está dispuesta a enterar a sus «amigos» rusos sobre este trabajo estadounidense.
En ese sentido, no tendrá ningún reparo en utilizar todo su poder para frenar tanto a sus enemigos como a sus aliados. Así, el personaje parece asemejarse al actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, un hombre que no distingue entre aliados y enemigos; a todos los mira bajo la misma lupa.
Pero lo interesante de la serie es que la mandataria norteamericana puede ser un personaje engañoso. La vemos sonreír y actuar con calidez, pero, por otro lado, no tiene reparos en ejercer su poder. En esa misma línea aparece la embajadora de Estados Unidos en Inglaterra. Ella intenta resolver los problemas de sus gobernantes y es testigo directa de los pecados de los políticos; sin embargo, parece pasarlos por alto para mantener cierta gobernabilidad en el mundo.
¿La diplomática solo es una testigo?
En las primeras temporadas, la diplomática parecía ser solo una testigo en esta trama de conspiraciones , pero en esta temporada hay un capítulo en el que no tiene problemas en utilizar un secreto —con efectos semejantes a los de una bomba nuclear— que provoca la salida de un alto funcionario. Ya no es un actor pasivo, sino activo.
El punto es si el fin justifica los medios y si lo que viene será mejor. Y no es así, porque lo que vino después terminó por complicarlo todo, y en ese tramo de la historia observamos que la diplomática cometió el pecado de hacerse de la vista gorda y no actuar adecuadamente. Quizás ella sea consciente de esas decisiones, lo que justificaría esa romántica e idílica decisión final.
De esta manera, la cuarta temporada de La diplomática prioriza los diálogos para dar a conocer cómo se mueven los personajes en esta trama política y de poder, al tiempo que permite verlos en su dimensión personal para entender las consecuencias de la política en sus vidas.
La historia de esta cuarta entrega explora menos el exterior y se conduce en interiores para subrayar las interpretaciones y los guiones, e incluso prueba con lo musical para proyectar la imagen de un bufón de la política.
La cuarta temporada de La diplomática se percibe por momentos densa; sin embargo, juega bien con los ganchos finales para mantener la atención hacia los siguientes episodios. No podemos negar que los capítulos finales concluyen bien, aunque con un epílogo más optimista que, probablemente —y conociendo la naturaleza de la antagónica de la serie—, se esfumará en el primer episodio de la próxima entrega.












