Álbum de Familia, del director peruano Joel Calero, apura su final dejando muchas interrogantes sobre esta historia de memoria y terrorismo.
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Los recuerdos de esta época afectan a una familia limeña que aparentemente vive en armonía. El interés de uno de sus integrantes, Alex (Emanuel Soriano), por ahondar en la infancia que vivió en este periodo lo conduce a descubrir secretos aparentemente enterrados en una habitación.
Desde el momento en que aparecen unas fotografías, la película va tejiendo un clima de misterio y drama que apunta a descubrir el secreto que sostiene las frágiles bases de esta familia. Una vez develada la verdad, vendrán las explicaciones y sus efectos.
Este filme peruano resulta interesante cuando se enfoca en los testimonios que van dando forma a ese secreto; principalmente, cuando Alex vuelve a encontrarse con su nana, una anciana pobladora de Ayacucho, quien relata su vivencia sobre esta época. Esta declaración es potente, aunque similar a las propuestas ya vistas en otras películas con la misma temática. Digamos que este recurso sigue funcionando.
El final rápido
Pero esta ilación se pierde cuando el final llega de manera abrupta y apurada, dejando algunas interrogantes en el aire. Uno se queda con ganas de saber más o de conocer cómo terminan ciertos personajes, pero Álbum de Familia cierra sin previo aviso y esto hace que la película pierda contundencia.
Por otro lado, queda claro quién es el personaje antagónico de esta historia. Hay un intento por romper con la perfección presentada al inicio, pero se hace de manera explosiva e inexplicable, evitando un choque final entre él y el protagonista que hubiera reemplazado ese epílogo surreal e inverosímil.
Así como hay una escena donde destruyen el estudio de trabajo de Alex, hay otra con un absurdo reclamo de su esposa embarazada por su viaje secreto a Ayacucho que quedan colgadas y sin conexión con el corazón de Álbum de Familia.
Además, hay una soledad en la búsqueda de la verdad de Alex, pero esta no calza en un entorno de sonrisas donde aparentemente nadie quiere saber más sobre el tema. La hipocresía descubierta genera rechazo, pero la armonía familiar nunca se rompe: se cuida hasta el final y solo se aísla al jefe de familia para exponer sus pecados sin poner el pecho para recibir los reproches del resto. No conocemos el punto de vista de los otros personajes involucrados en esta develación del secreto.
El debate está vivo en Álbum de Familia
Lo interesante es que Calero no tiene miedo a tocar este punto aún sensible en el Perú, más en estos tiempos en que hay dos bandos en el extremo, cada uno defendiendo a gritos sus puntos de vista. El director ya lo hizo con La última tarde y La piel más temida, y ahora cierra este círculo con Álbum de Familia, subrayando un capítulo de este periodo que un sector de la sociedad quiere esconder.
Sin esas prisas, probablemente la película hubiera quedado redonda. No obstante, su aporte está en mantener un debate que por estos días se quiere maquillar en nuestro país.














