Unabomber, película de Netflix, explora superficialmente los orígenes emocionales de un terrorista y sutilmente parece justificarlo.
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Este filme está basado en la vida de Theodore o Ted Kaczynski, conocido por cometer actos terroristas entre 1978 y 1995 donde murieron tres personas. Unabomber está dividido en dos partes: una que aborda su etapa en Harvard, donde se somete a experimentos psicológicos, y otra en que se describe su captura por parte del FBI.
No hay nada espectacular ni extraordinario en la parte dedicada a la detención de Ted. La «carnecita» de la película está en Harvard.
En esta no observamos a un terrorista en formación, sino las causas que condicionaron su conducta criminal. Estas no necesariamente responden a actitudes suyas, sino de terceros.
Queda claro que es víctima de esos experimentos psicológicos y se insinúa que estos formaron su posterior conducta terrorista. La película se encarga de dirigir la mirada hacia el profesor líder de esta investigación como el antagonista.
Pero del protagonista se proyecta la imagen de un joven inocente, nervioso, frágil, que sí tiene fuertes críticas contra el sistema y que en algunos momentos —pocos, por cierto— puede comportarse como un malcriado. Sin embargo, no hay un rasgo psicópata o extraño que nos hable de su futuro criminal.
¿De qué lado está Unabomber?
¿Unabomber acaso se pone de su lado? Parece. La película se hace tan sencilla que no se arriesga a abordar las complejidades de un cerebro que podría destruir el sistema no solo con palabras, sino con acciones. Si el Joker de Joaquin Phoenix fue víctima de su entorno, tenía rasgos que lo hacían desagradable y que en cualquier momento iban a explotar frente a los demás. En este caso, tenemos a un joven víctima de las circunstancias que proyecta la imposibilidad de transformarse en un terrorista.
Es cierto que nadie nace villano y a veces la sociedad puede empujar a la locura, como dijo el otro Joker en El caballero de la noche de Christopher Nolan, pero también es cierto que las películas ofrecen esos rasgos malvados para poner en perspectiva a estos personajes y no blanquear su imagen frente a las audiencias. Los delincuentes tienen una versión de su historia, pero ¿qué pasa cuando prevalece por encima del punto de vista de sus víctimas? Que la sociedad olvide sus pecados, perdone y hasta los admire.
En tanto, la parte vinculada a su captura se hace más sencilla aún, al punto de que ni siquiera sirve para cuestionar el legado nefasto de este hombre. Incluso prescindir de esa parte de la película no hubiera alterado el producto final.
Unabomber no tiene un valor histórico, ni social, ni tampoco cinematográfico, ya que la historia se desarrolla con mucha superficialidad y se construye sobre imágenes anodinas y convencionales. El problema de este tipo de true crime es que podría terminar por generar admiración entre los espectadores, cuando se debería buscar lo contrario.













