SINOPSIS: En 1969 se celebró uno de los juicios más populares de la Historia de Estados Unidos, en el que siete individuos fueron juzgados tras ser acusados de conspirar en contra de la seguridad nacional. 

Hace casi cinco décadas un juicio a siete líderes de una manifestación contra la guerra en Vietnam sacudió Estados Unidos. La adaptación de esta historia llega con la película El juicio de los 7 de Chicago, Aaron Sorkin. El director es conocido por sus guiones de La red social de David Fincher y Moneyball de Bennett Miller.

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En su momento el juicio llamó la atención por sus irregularidades, parcialidad y excesos contra los acusados, detalles bien señalados en la película de Sorkin. Precisamente estas argucias son insumo para el filme.

Desde el inicio de El juicio de los 7 de Chicago se advierte que se trata de un juicio político más no criminal. El gobierno de Richard Nixon, gobernante de los Estados Unidos por esos años, necesitaba proyectar una imagen de firmeza contra aquellos colectivos opositores al trágico conflicto bélico en Vietnam.

Queda claro que los 7 de Chicago están desarmados contra un sistema representado por un juez deshonesto, un fiscal manipulable y una policía corrupta. Personajes capaces de idear conspiraciones y pruebas cuestionables para encerrar a los denunciados.

No es difícil que el espectador exprese su indignación ante una justicia parcializada e indolente cuya misión, en esta película, dista mucho de castigar el delito.

el juicio a los 7 de chicago

Sorkin aprovecha los entretelones del juicio para ir narrando poco a poco los acontecimientos que llevaron a estos jóvenes al juzgamiento. Pero los describe desde el pasado en forma rápida, ágil con muchos cortes de edición que hacen un drama entretenido y nada aburrido.

No obstante, la clara división entre malos y buenos en esta historia, Sorkin deja espacio para matizar, entre los buenos, las divisiones y diferencias de conceptos, aunque lejos de torpedear el caso, dejan notar su humanidad, sus errores y fracasos.

En general las actuaciones son buenas, pero siempre unas destacan por encima de otras. Como la de Frank Langella, Eddie Redmayne y Sacha Baron Cohen conocido por la película Borat.

La película es buena, aunque tiene todos los clichés de este género de cine. Como sus cámaras lentas para elevar el drama y una escena que simboliza rebeldía ante el sistema.

Los críticos aseguran que tiene madera de Óscar, pero también que viene perfecto en tiempos en que el sistema parece ahogar voces opositoras cuya meta es un cambio favorable a los gobernados. Disponible en Netflix.