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    Resumen

    Desde distintos lugares del Perú, un grupo de antiguos operadores prepara la proyección de una película en la que ellos mismos son los protagonistas: antiguos operadores, boleteros y administradores revelarán sus más íntimas e imborrables experiencias vinculadas a los antiguos cines que envejecieron junto con ellos.

    Crítica a Cines de video de Wari Gálvez

    Cines de video es un viaje nostálgico hacia esos viejos cines que hoy lucen abandonados, llenos de polvo, lejanos a esa imagen de gloria de aquellos años.

    Con un año de retraso llega esta crítica a Cines de video de Wari Gálvez. La película se estrenó en la última edición del festival de cine de Trujillo y con ello la oportunidad de conocer su historia.

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    La película peruana huele a nostalgia ya que revive con imágenes los viejos cines instalados a lo largo del país, hoy desaparecidos del ojo cinéfilo.

    Hubo un tiempo en que los filmes se proyectaban en pequeños teatros con butacas de madera, que estrenaban una sola película al día. Pero con el paso del tiempo estos establecimientos han cerrado. Unos han sido vendidos a iglesias evangélicas para sus cultos y otros lucen deteriorados.

    Cines de video cuenta la historia de estos cines con ayuda de sus extrabajadores quienes recuerdan épocas de glorias, salas llenas, largas colas y años exitosos increíbles de creer al reparar en la abrupta caída de estos negocios.

    Los relatos se sienten frescos como si se viviera en esos años y no en estos en que esos locales se pudren con telarañas y hongos.

    Los extrabajadores creen que la caída de estos cines está vinculada a la aparición de los DVDs y el posicionamiento de la televisión. Uno se atreve a responsabilizar al primer gobierno de Alan García, porque en esos cinco años la economía nacional prácticamente quedó quebrada. Pero lo cierto es que los multicines también tienen «vela en este entierro» porque ingresaron con fuerza al mercado nacional ofreciendo otras comodidades que no tenían esos teatros.

    Es una pena conocer el estado de estos cines, pero el tiempo avanza y no se detiene. Si no hay adaptación, la muerte es segura. Pero que bueno que Cines de video haga una historia que no los deje en el olvido infinito, sino que nos haga recordar su importante función en llevar cine a cada rincón del país. No había ciudad pequeña o grande que no tuviera un teatro para ver películas por esos años. Hoy en cambio abrir las puertas de un multicine requiere de estrictas investigaciones mercados para definir si procede o no iniciar un negocio en determinado punto del país.

    Ojalá haya más oportunidades de ver esta película, aunque una cadena de cine le pondrá muchos «peros» antes de proyectarla (si es que desea hacerlo). Probablemente con un cine pequeño no hubiera existido este problema.