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    Yana-Wara: Crítica a la película de Oscar y Tito Catacora

    Yana-Wara es una película iniciada por Oscar Catacora, director de Wiñaypacha, y terminada por su tío Tito Catacora.

    SINOPSIS

    La Justicia Comunal acusa a don Evaristo, de 80 años de edad, por el asesinato de su nieta Yana-Wara, de 13 años de edad. Durante la audiencia, todos se enteran de la trágica historia de esta joven, quien, a causa de la violencia de género, empieza a tener visiones aterradoras tras haber sido tocada por los espíritus malignos que habitan en los lugares prohibidos del Ande.

    Yana-Wara es la historia de violencia contra una adolescente. En una comunidad campesina de Puno una muchacha es sometida sexualmente por su profesor y lejos de encontrar justicia es sometida a una serie de absurdos.

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    Es evidente que la protagonista de esta historia fue abusada. Las autoridades de esta comunidad reconocen el delito, sin embargo más puede su interés por ocultar este triste episodio que hacer justicia. Las apariencias, en este caso, son más importantes para los comuneros que sancionar al responsable de esta atrocidad.

    Y en ese afán por esconder esta triste realidad es que someten a la adolescente a más vejaciones e injusticias.

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    Quien debería ser su defensor, su abuelo, solo sigue a pie de juntillas los mandatos de la comunidad. No se comporta como un apoyo o un salvavidas, sino como un ejecutor de recomendaciones. Su dizque amor por su nieta no lo motiva a revelarse, sino a seguir tradiciones.

    SIN MUCHAS ESPERANZAS

    La película no da esperanzas a la protagonista. Solo asistimos a una larga agonía o al retrato de una realidad desconocida a los peruanos. Aunque siendo francos la mayoría de mujeres, sean habitantes de zonas urbanas o rurales, víctimas de agresiones, pasan por una situación similar. A la agredida se le cree por unos segundos. Luego tiene que someterse a todo un tortuoso sistema de repeticiones y reproches donde ella tiene que demostrar su verdad.

    No solo la justicia popular no da la razón a la muchacha, sino también la divina. Porque incluso cuando los curanderos intervienen ella sigue teniendo la culpa (¡Los dioses son machistas!). El mensaje queda claro, pero dedicarle varios minutos a estos mitos restan a Yana-Wara.

    Al igual que Wiñaypacha no hay ninguna señal que la protagonista vaya a tener un feliz final, sino todo lo contrario, y el epílogo, como sucede a lo largo de toda la película, termina en una triste ironía donde el absurdo se impone al juzgar al responsable equivocado.

    SUTIL Y EXPLÍCITA

    La película blanco y negro ofrece una correcta ejecución en encuadres que permiten ver como la actriz protagonista, Luz Diana Mamani, nos transmite sus miedos, desconfianzas e iras con su mirada. Sin necesidad de hablar expresa toda la tristeza de su personaje.

    Lo interesante de la cinta, también, es que es sutil cuando hay violencia contra la protagonista. Solo escuchamos susurros y gritos cuando es agredida. Pero es explícita cuando ella expresa su cólera o vemos en una toma una triste pérdida.

    Hay que ver Yana-Wara que empezó Oscar Catacora y terminó su tío, Tito. A Oscar la muerte le apareció en pleno rodaje y su tío tuvo la enorme tarea de sacar adelante el proyecto. Al final quedó una buena película que parece no traicionar el estilo del sobrino. Recomendable.

     

     

     

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