Fue solo un accidente: Un retrato político de una sociedad

La nueva obra de Jafar Panahi expone el hartazgo de sus ciudadanos a un sistema político que los somete con dolor.

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De qué trata

Lo que comenzó como un pequeño accidente pone en movimiento una serie de consecuencias cada vez mayores.
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Fue solo un accidente (Un simple accidente), de Jafar Panahi, propone una historia de revancha en una sociedad que agrede.

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Un hombre advierte que su posible torturador está en el taller donde trabaja. Entonces, aprovecha la oportunidad para secuestrarlo y cobrar revancha.

Al inicio parece decidido a ejecutar su venganza; sin embargo, al interactuar con su presunto torturador, le surgen las dudas.

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Entonces involucra a más víctimas de este personaje, que tampoco tienen claro si es o no el hombre que abusó de ellos.

No tienen la decisión de ejecutarlo. Son posibles víctimas, tienen el resentimiento a flor de piel, pero no poseen la voluntad de sentenciarlo. Algo les dice que es él: su cuerpo, su olor, sus sonidos. Sin embargo, no se atreven.

Aun así, no desaprovechan la oportunidad para encararlo y recordarle sus maltratos.

En contraste, las autoridades no tienen problemas en corromperse. Para estos personajes, no existen las dudas.

En ese sentido, para mostrar la miseria de estas figuras, la película recurre al humor. De esta manera denuncia, por ejemplo, el caso de los policías que cobran un soborno con ayuda de un POS de tarjeta de crédito.

Contenido político y frontal en Fue solo un accidente

Fue solo un accidente tiene un mensaje altamente político que muestra el hartazgo de ciudadanos resentidos con un sistema político controlador.

Este filme es bastante frontal: no teme hacer críticas y, para ello, utiliza a estos personajes como vehículo para reclamar por los abusos.

Al final de esta historia, podríamos creer que el filme cae en el típico mensaje aleccionador, donde el villano se redime y los personajes “buenos” aparecen moralmente por encima de él.

Así sucede, solo que en el minuto final tenemos un cierre que parece indicarnos que la lección no ha sido aprendida por parte del antagonista; por el contrario, ha sido un error confiar en él. No obstante, al mismo estilo del epílogo de El origen, de Christopher Nolan, queda esa toma para que cada espectador saque sus propias conclusiones.

Esta propuesta de Jafar Panahi expone un sistema político corrupto y tirano en el que el ciudadano busca, de alguna manera, hacer justicia o cobrar venganza.

Christiaan Lecarnaque
Christiaan Lecarnaquehttp://www.elpirata.pe
Periodista de Arequipa. Trabajó como redactor y editor en el diario La República y Pueblo. Actualmente colabora en el medio digital Encuentro y sus críticas se comparten en Bam Noticias de Arequipa. También colabora con la Universidad Católica San Pablo. Fundó El Pirata para escribir sobre cine y series de televisión.
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