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Un poeta, película colombiana, funciona como una comedia que se burla de los ideales de un escritor.
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Óscar Restrepo quiere vivir de la poesía —y quién no— pero eso es imposible. Se reconoce con mucho ego como uno de los mejores poetas de su generación y, mientras en actos públicos transmite serenidad y dominio en el oficio, en la intimidad, cuando nadie lo observa, es un desastre: no funciona como padre, hijo ni hermano.
La hija como última oportunidad de normalidad
En ese sentido, encuentra en su hija —a quien ve cuando se acuerda— una oportunidad de aterrizar y seguir un camino como el de todos los seres normales de este planeta. El problema es que encuentra la poesía en la persona y el sitio menos esperados.
Una vez más, el ideal gana el pulso y se deja llevar por ese cariño que tiene hacia las letras. Pero la vida advierte, de todas las maneras posibles, que su existencia será un infierno si apuesta por ese camino.
Una historia que no perdona a nadie
Entonces, cuando continúa su apuesta por la poesía, se involucra en situaciones delicadas y hasta absurdas que le sirven a la película para burlarse de los poetas y su ánimo de figurar, los pobres y su cínico pragmatismo, los psicólogos y su supuesta ayuda y las feministas y sus gestos absurdos.
Pero Óscar no da su brazo a torcer y sigue terco en sus ideales, ¿para qué? Para que al final Un poeta le ofrezca un desenlace triste, aunque con bastante material para construir un buen poema.
La fórmula que se rompe a la mitad
Generalmente, este tipo de historias proponen un protagonista fracasado que encuentra a un talento más joven a quien ayuda a enderezar su vida e, indirectamente, impacta en la propia, hasta que los dos alcanzan la gloria. Pero este no es el caso. Un poeta persigue esta fórmula hasta la mitad del filme, donde uno de los personajes secundarios advierte que «algo malo puede pasar» —y sucede.
No hay tregua con el protagonista. La historia demuestra una y otra vez que no sirve de nada seguir leal a los ideales, pero este poeta muere en su ley. Hasta el final permanece firme en sus principios. Aunque el desenlace en Un poeta podría considerarse tragicómico, hay material suficiente para un reencuentro con su hija e iniciar una nueva obra.
Los pobres sin romanticismo en Un poeta
Otro punto interesante de Un poeta es que no idealiza a los pobres. No les asigna cualidades de superación o humildad, sino que los proyecta como seres interesados, sin escrúpulos y prácticos. Este es el mayor reto del protagonista: dejarse llevar por ese cinismo o seguir en sus trece y creer en sus romanticismos.
Actuación y conclusión: un poema triste y divertido
La película me resultó divertida, interesante y atractiva. La interpretación de Ubeimar Ríos como el poeta Óscar Restrepo es buena. Pasa de ser un personaje intransigente, desagradable y encasillado en sus ideas, a uno más abierto a nuevas experiencias. Su físico ayuda mucho para proyectar a un egocéntrico frágil en el momento en que la vida exige decisiones más firmes.
Todo funciona bien en Un poeta y, si la idea fue tejer un poema, pues les salió una triste y divertida obra de la vida real.


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