El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, interpretada por Javier Bardem y Victoria Luengo, aborda la reconciliación familiar desde la tensión y la conflictividad. Bardem y Luengo encarnan a un padre y a su hija que intentan acercarse tras años de abandono paterno. Para ello, coinciden en el rodaje de una película ambientada en el desierto del Sahara.
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La primera media hora de El ser querido marca el tono de la cinta. Ambos conversan en un restaurante con cierta tensión, evitando abordar el problema principal que abre una brecha entre ellos. Hay un momento explosivo que no encara la situación, sino que la pasa por alto para fingir que todo marcha bien en la relación.
Este distanciamiento se mantiene durante el rodaje —un entorno de estrés y toxicidad—, eludiendo esa conversación pendiente y elevando la tensión al límite. Todo detona en el mejor momento del filme, cuando intentan grabar una escena. Ese «detrás de cámaras» muestra en toda su dimensión al padre: un intimidante Javier Bardem, completamente descontrolado, que ejerce su poder sobre una frágil hija que intenta imponerse en vano. La interpretación de Bardem, junto a la de Luengo, eleva enormemente esta secuencia.
Desorden en El ser querido
El resto de la película se siente desordenado, proponiendo recursos que no cuadran: imágenes en blanco y negro cuando los personajes entran en una aparente reflexión interna, una toma sin audio y un diálogo sobre la situación política del Sahara que resulta forzado y desconectado del relato. También se incluye una secuencia de Bardem en la ducha que, como las anteriores, no suma, sino que distrae de la trama principal. Da la impresión de que, al postergar el choque final entre padre e hija, rellenaron ese lapso con estas escenas.
No obstante, la dirección acierta al aprovechar al máximo la actuación de Bardem; sin él, la película no habría funcionado. Su voz, su presencia corporal y su mirada imponen, cualidades que permiten conectar con el cierre de la cinta, donde se le muestra vulnerable y, probablemente, reconciliado con su hija.
La crítica ha comparado El ser querido con Valor sentimental, pero sus planteamientos son distintos. Valor sentimental rescata progresivamente el amor paterno y reconstruye la relación; El ser querido lo evita, buscando empeorar las cosas para obligar a hablar con franqueza y unir los lazos rotos.
Esta propuesta de El ser querido funciona por momentos —principalmente por sus actuaciones y por cómo retrata la dinámica de los rodajes cinematográficos—, pero falla cuando se pierde en la experimentación y olvida conectar con el resto del relato.














