Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, cuestiona el proceso de creación de los guionistas de películas.
Aparentemente inofensiva, la película inicia con un escritor tipeando su nuevo guion sobre las migrañas de una joven directora de publicidad. Este dolor permite abordar el lado personal de esta protagonista y su influencia en su trabajo creativo.
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Aunque podríamos intuir que se trata de la experiencia personal del guionista, el diálogo subraya que se trata de una inspiración, mas no de una adaptación real de las vivencias del escritor. En ese sentido, utiliza un artificio narrativo y construye un personaje femenino para, a través de ella, contar algunos recuerdos.
Conforme Amarga Navidad regresa al presente y se enfoca en el proceso creativo del guionista, notamos de dónde va sacando las ideas para su nueva película.
Sin embargo, esta nueva experiencia almodovariana no pretende dar una lección de guion de cine, sino criticarlo. En la última media hora, la historia da un giro y la película se queda con un escritor enfrentado por una de las musas de su inspiración. Esta le reclama adueñarse de una historia delicada para hacer su película, mientras que el otro defiende su posición. Es en ese momento cuando ingresa el interesante término «vampirizar la historia de otros»; es decir, construir un relato a partir de las vivencias externas.
Amarga Navidad y una reflexión en el final
Probablemente esta sea la parte más importante y entretenida de la película, ya que el conflicto plantea ideas y genera debate: ¿quién tiene la razón, el escritor o la musa inspiradora?, ¿es válido apropiarse de testimonios ajenos? Un punto de vista interesante que lleva a la reflexión sobre lo pertinente en el proceso creativo.
Quizás Almodóvar propone esta idea muy tarde, aunque sutilmente la coloca como una pista a mitad de la cinta, ya que la primera parte —por lo menos la primera hora— divaga sobre esa idea de guion que no genera mayor interés ni conflicto.
Pero lo que sí llama la atención es la composición de algunas escenas semejantes a un cuadro. Tenemos la escena final desarrollada fuera de un restaurante cerca de un parque o la visita a los zocos de Lanzarote. Todo ello se combina con el estilo cromático de Almodóvar: rojos, naranjas y verdes. Las historias de Almodóvar se cuentan con un exquisito gusto artístico.
El título Amarga Navidad podría provenir, literalmente, de la escena donde una mujer descubre la infidelidad de su marido, o de cómo este episodio sirve, también, para inspirar el nuevo trabajo de esa directora de publicidad. Un regalo a la creatividad —al fin y al cabo—, pero amargo para quien lo debe observar en la pantalla grande.


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