A veces La bola negra abruma y sobrepasa al espectador, pero cuando las aguas se calman sale lo mejor de la película.
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Esta cinta española, dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi —también conocidos como «Los Javis»—, narra tres historias gais conectadas por un secreto. Contadas de manera intercalada, van construyendo ese amor expresado en la intimidad, pero que no se puede gritar al mundo. Por un lado, tenemos a un poeta abriéndose camino en un mundo de machos; por otro, a dos militares pertenecientes a ejércitos enemigos que parecen amarse en silencio; y, finalmente, al escritor que descubre el misterio mejor guardado de su abuelo.
Los tres testimonios están unidos por el silencio, el deseo oculto y el amor discreto, pero ardoroso. La bola negra es, también, una reivindicación del universo gay, de esos gustos escondidos, del disfrute del cuerpo masculino y de ese espacio que el resto no entiende ni intenta comprender.
Sutilmente habla de la represión, aunque no es un drama centrado exclusivamente en este tema, sino que se inclina por esa rebeldía y esas ganas de amar sin importar las consecuencias. La bola negra se aleja de los tópicos LGTBI en los que abundan reproches, castigos y finales trágicos, e incluso de los desnudos explícitos. Hay pasión, pero dosificada. En general, busca que conozcamos este universo y vivamos en paz con él.
El corazón de la película
En ese sentido, el sutil romance de los militares, ambientado durante la Guerra Civil Española, es el mejor logrado. Cuando hay silencio, los gestos, susurros y miradas sobresalen. La imagen se centra en ellos y comunica una complicidad semejante al amor. El final es cruel, pero coherente con el momento histórico vivido. El epílogo de este amor no está vinculado a su forma de amar, sino a un conflicto que divide a un país y donde pierde el que no está armado. No obstante, esta relación trasciende cuando se cumple un juramento que afecta a los otros relatos. Aquí está el corazón de La bola negra.
Por otro lado, la fortaleza de la historia del escritor está en el desarrollo de los secretos de su abuelo: una revelación que se va contando por capas y que impacta cuando conecta directamente con el eje de la película. Impacta y demuestra que es posible vivir una pasión hasta el último día de nuestras vidas.
La banda sonora de La bola negra
El nivel técnico de La bola negra también es superlativo; principalmente la banda sonora, que mezcla instrumentos españoles y usa las guitarras para añadir suspenso a los momentos más tensos de la película. En este punto, también debemos destacar la canción La nieve de Guitarricadelafuente.
Hay una buena composición visual que construye una estética poética para celebrar esa complicidad masculina y subrayar las bondades del cuerpo del varón. Pero aquí quizás radica el problema de la película: hay tanta pomposidad o sobreabundancia de este tipo de imágenes que a veces se siente repetitiva, excesiva o innecesariamente lenta.
Sin embargo, cuando el torbellino de Los Javis se aquieta, sobresalen actuaciones como la de Guitarricadelafuente en el romance de los soldados tratando de reprimir sus sentimientos, o la de Penélope Cruz, quien interpreta a una cantante contratada para divertir a las tropas. Los minutos de la actriz son pocos, pero contundentes. Su coquetería mezclada con sabiduría hace difícil que podamos olvidar su interpretación.
La bola negra tiene una intención clara y su acierto está en enfocarse en esa idea: busca acercar lo gay a las audiencias y romper con ellas ese silencio obligatorio impuesto a aquellos dispuestos a amar diferente.














