Martin Scorsese es un genio del cine, pero tuvo sus altibajos. A The Hollywood Reporter confesó que casi muere por el uso abusivo de drogas.
«Después de terminar el rodaje de New York, New York [1977], tomé algunos riesgos. Estaba fuera de tiempo y fuera de lugar, además de un barullo en mi propia vida y abrazando otro mundo, por así decirlo, abrazando un lado peligroso de la existencia. Después, el fin de semana del Labor Day, me encontré a mí mismo en un hospital, sorprendido de haber estado cerca de la muerte», recordó.
Esta película fue el punto de quiebre. Su fracaso lo asustó y lo llevó a las drogas que venía consumiendo por esos años. «Lo que hice fue comportarme de una manera tal que fuera imposible que me respetaran. Estaba demasiado drogado para solucionar el problema de fondo».
Muchos testigos de esa adicción aseguran que ni siquiera podía caminar con tanta droga que tenía encima. «Parecía perdido en otro mundo, era Luke Skywalker avanzando a trompicones por el planeta helado Hoth en la primera escena de «El Imperio contraataca», perdido en una tormenta de nieve», recuerda Peter Biskind, cineasta.
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Esta adicción lo llevó incluso a perder varios kilos de peso. «Ocurrió una serie de cosas. Hice un uso indebido de varios medicamentos, y mi cuerpo reaccionó de forma extraña. Pesaba menos de 49 kilos. No solo fue por culpa de las drogas, el asma tuvo mucho que ver. Pasé 10 días con sus 10 noches en el hospital. Los doctores me cuidaron, y me di cuenta de que no quería morir», continúa.
Confesó que para salir de ese hueco tuvo que rezar. «Recé, pero si lo hice fue para salir adelante esos 10 días y 10 noches. Sentía que, si me había salvado, era por alguna razón. E incluso si no era por una razón, tenía que hacer un buen uso de ello», afirma.
La última tentación de Cristo
De otro lado, en una entrevista concedida a El País de España Scorsese reveló algo interesante, que el libro La última tentación de Cristo fue entregado por un arzobispo.
De algún modo la vez que más me acerqué a la redención fue con Toro Salvaje, cuando al final Jake LaMotta se mira en el espejo y es capaz de aceptarse como es. Y ahora con Silencio, película que se convirtió en mi peregrinaje desde que el arzobispo Paul Moore me dio el libro de Endo tras ver La última tentación de Cristo.
También, en esta entrevista, recuerda sus inicios como seminarista y advierte las razones que motivaron su salida.
La introspección personal no acaba nunca. Es lo que me llevó a prepararme como seminarista. Porque de los 11 a los 17 tuve un gran mentor, el padre Príncipe, que influyó mucho en mi vida. Quería ser como él. Me fascinaban su compasión y su firmeza. Y sobre todo su dedicación. Sin embargo, la vocación tiene que venir de uno mismo. No vale querer ser como otro. Eso puso fin al seminario aunque no a la búsqueda.
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— El Pirata (@ELPIRATA_CINE) 4 de enero de 2017



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