Alien: Covenant es una nueva secuela de Prometeo, pero integra la franquicia que inició Ridley Scott en 1979. Aunque la historia no es nueva tiene buenos momentos y una notable actuación de Michael Fassbender.

Covenant es una nave espacial que lleva un millar de colonizadores y una cifra similar de embriones para iniciar una civilización en un planeta lejano de la Tierra.

El problema está cuando el capitán de la tripulación se deja llevar por entusiasmo, una señal de supuesta vida, y se desvía de los planes iniciales.

La cinta tiene mucho de Alien: El octavo pasajero, estrenada en 1979. Mantiene la misma estructura. Tiene bastantes escenas que ya se hicieron en esa cinta.

Pero la temática es distinta. Porque ya no se trata de un enfrentamiento entre humanos y alienígenas, sino de la ambición de un androide, interpretado por Michael Fassbender, que busca crear y jugar a Dios, dejando de lado a los humanos.

Una vez más, la inteligencia artificial es la villana. Los humanos me maltrataron y ahora me toca vengarse. Así funciona. Deshacerme de esa raza y empezar otra, quizás mejor.

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Porque en esta nueva Alien, el monstruo extraterrestre solo es la herramienta de los objetivos locos de un robot. Nada más. Ya no es el tema central de la historia.

El final nos hace pensar que el relato que se viene no será el mismo. Sino que al humano le toca enfrentar a sus propias creaciones.

Michael Fassbender está bien. Su personaje, en verdad, es cruel e inteligente. Sabe jugar bien sus fichas. Y ante todo su objetivo es la prioridad. Fassbender le imprime sutileza. No dramatiza, ni se desespera, porque sabe hacia donde va y que puede conseguirlo.

Les recomendamos esta película. Vayan al cine a verla.

 

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