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El irlandés: diálogos reflexivos, silencios potentes y actuaciones de peso

El irlandés es la nueva película de Martin Scorsese que ofrece las buenas actuaciones de Joe Pesci, Al Pacino y Robert De Niro.

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Ver una película dos veces te ayuda a concluir si te gustó o no. Si en el segundo visionado te agradó, entonces el filme es muy bueno. No sé si El irlandés sea una obra maestra, porque la frase ha sido manoseada tantas veces por los críticos que no estás seguro qué significa. Pero sí sé que me gustó. Definitivamente es una de las mejores del año.

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El irlandés tiene como protagonista a Frank Sheeran (Robert De Niro), un camionero encargado de trasladar carne a restaurantes. En ese camino conoce a Russell Bufalino (Joe Pesci). A Russell le otorga su lealtad y se convierte en un hombre de cumplimiento estricto de órdenes. Por ese camino de fidelidad, aparece Jimy Hoffa (Al Pacino), un hombre de sindicato, igual de poderoso que cualquier presidente de los Estados Unidos. Con él mantiene una relación de amistad, acaso de hermanos. Pero cuando las relaciones empiezan a deteriorarse, Sheeran deberá tomar una decisión.

Martin Scorsese ofrece otra película de gánster que no se parece a sus hermanas Buenos muchachos o Casino. Se siente reflexiva. Hay silencios y las amenazas son sutiles. La violencia no se regodea ni se verbaliza, sino que va directa, sin dramas. Sheeran es tan eficiente con sus misiones que a la víctima no le da oportunidad ni a saludar.

Joe Pesci no es el mismo de Buenos Muchachos o Casino. Su papel es completamente diferente: más tranquilo, poco cómico, aunque decidido a defender sus intereses.

Robert De Niro ofrece, también, una interpretación calmada, pero acentuada con una transformación física notoria en su forma de caminar y la posición de su espalda. Pero hay un mejor trabajo cuando maneja los silencios y se nota en la escena en que recibe un terrible mandato. Ahí se siente una contradicción: dolor, por un lado, y convicción, por otro, porque es una determinación que debe cumplirse. “Lo que pase, pasará”, dice, con él o sin él al mando.

Al Pacino, quizás sea el mejor, hace un buen manejo de su mirada, voz y tiene unos diálogos bastante hilarantes como cuando intenta indagar qué Tony le está dando una respuesta. “Por qué los italianos utilizan tanto ese nombre”, se pregunta, y nosotros también. El adicto a los helados te gana con su carisma y te conmueve cuando asistimos a sus últimos días.

UNA BUENA PELÍCULA

Es una película para ver con paciencia, a tu ritmo, para prestarle atención a los diálogos. Cualquier película de tres horas y más aún, de tres horas y media, cansa, no podemos negarlo, pero no aburre, sino que el resultado final es satisfactorio. El rejuvenecimiento digital no distrae, aunque se nota en Robert De Niro, más no en el resto de actores.

Es un filme que acompaña al protagonista en su viaje de lealtad. Solo cumple órdenes que, si bien le generan un bienestar económico y una buena reputación ante sus jefes, lo aleja terriblemente de su familia. Dice que lo hizo todo por ellos, pero El irlandés es un hombre de fidelidades extremas, de organizaciones con espíritu de cuerpo. Se le ve afectado por perder a su parentela, pero no estoy seguro si su sentimiento es genuino. ¿Si tuviera una segunda oportunidad se retractaría y se dedicaría a sus hijas? No lo creo.

La nueva película de Martin Scorsese es una de las mejores películas del año. En los diálogos se percibe experiencia, sabiduría y humor; en los silencios, se siente tensión y suspenso, y en las actuaciones peso de tres grandes nombres desconocidos por las actuales generaciones, que El irlandés los ofrece en vitrina para conocer su talento. Disponible en Netflix.

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