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    Resumen

    Sebastián es un hombre común, de unos treinta años, dedicado a su leal perro y que trabaja en una gran cantidad de trabajos temporales. A medida que avanza irregularmente a través de la edad adulta, navega por el amor, la pérdida y la paternidad, hasta que el mundo se ve sacudido por una catástrofe repentina que pone patas arriba su ya turbulenta vida. Fotografiada con imágenes en blanco y negro, y llena de metáforas iluminadoras, la guionista y directora Ana Katz captura la madurez de Sebastián en partes de la vida tanto específicas como universales mientras lucha por adaptarse a un mundo que está en constante cambio y que podría estar acercándose a su final.

    Crítica a El perro que no calla de Ana Katz (25FCL)

    El perro que no calla de Ana Katz ofrece la historia de un joven dependiente de su mascota que se ve a la deriva cuando la pierde en un terrible accidente.

    El perro que no calla de Ana Katz ofrece una escena que puede interpretarse de muchas maneras. El joven protagonista tiene un perro cuyos ladridos molestan a los vecinos, por tal motivo lleva su mascota a su centro de trabajo, donde obviamente tiene problemas.

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    Digo obviamente porque no es usual llevar tu «mejor amigo» al trabajo y es aquí donde aparecen las interpretaciones. Porque probablemente para algunos esta escena sea absurda y risible, y para otros, los amantes de los perritos, sea todo lo contrario y totalmente justificada.

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    Pero también esa toma inicial habla de la soledad y dependencia emocional del protagonista hacia esa mascota. No es más que su trabajo, su cuarto alquilado y su perra; nada más. Por eso es que el destino le juega chueco y rompe a la mala ese vínculo para que busque algo más en su vida.

    Desde ese momento vemos a ese joven vagando como alma pena tratando de sobrevivir a las circunstancias y buscando un sustento sin objetivo aparente; como cuando un perrito se queda sin dueño.

    Todo le llega en el camino y lo acepta. No dice no. Simplemente se deja llevar hasta encontrar a la fuerza un norte en su vida.

    Una de las escenas  notables de El perro que no calla es las escenas referidas a una pandemia donde la gente debe usar unas burbujas para evitar el contagio de un virus desconocido. De lo contrario deben agacharse (perro la pasaría bien esta pandemia) y casi gatear para comunicarse, porque si sobrepasan el 1.20 metros de altura se enferman.

    Igual este joven pasa este momento y lo vemos más centrado, seguro y con una vida casi resuelta, sin olvidar su amor por los perros. A veces la vida debe golpear fuerte para encontrar ese norte perdido. Buena historia a blanco y negro; interesantes animaciones para subrayar los momentos más dramáticos de la cinta. Disponible en el 25 Festival de Cine de Lima.