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    Resumen

    Una carta de amor al mundo del periodismo, ambientada en la redacción de un periódico estadounidense en una ciudad francesa ficticia del siglo XX, con tres historias interconectadas entre sí.

    Crítica a La crónica francesa de Wes Anderson

    La crónica francesa de Wes Anderson funciona como un homenaje al viejo periodismo de Estados Unidos al estilo de Anderson.

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    Lejos de enfocarse en el proceso de captación de la información para la publicación de los reportajes, como se hace en la mayoría de películas dedicadas al periodismo, en La crónica francesa se centra en profundizar tres historias relatadas por periodistas. Como escribieran una prosa elaborada y precisa van narrando oralmente los interesantes y detallados reportajes ejecutados visualmente bajo el sello de Wes Anderson.

    Pero es a nivel visual cuando la película presenta sus mejores fortalezas. Las tonalidades del blanco y negro usadas en la cinta se asemejan a las observadas en los antiguos diarios. Las fotografías publicadas en esos periódicos presentaban, por ejemplo, un negro más intenso al actual. Anderson recoge ese detalle para la película.

    Al final se inspira en la diagramación del New Yorker para trazar sus historias. El diseño de este diario norteamericano es uno de los más reverenciados a nivel mundial por su estilo, color y mensaje.

    Estas dos bondades identificadas en La crónica francesa funcionan con una innovación dentro del trabajo de Wes Anderson que aportan algo más al estilo ya visto en sus anteriores trabajos. A ello habría que sumarle los momentos en que las tomas se congelan para describir algún detalle en la película.

    Los reportajes descritos en la película resultan interesantes sobre todo el primero en que interviene Benicio del Toro y Lea Seydoux. Un relato extraño, atrevido y loco con detalles que elevarían la nota a cualquier portada de periódico.

    Desde el punto de vista de Wes Anderson, La crónica francesa funciona como un homenaje a ese viejo periodismo liderado por periodistas cultos, leídos, cazadores de historias sin dejar ningún hueco suelto, acompañado de una buena prosa que convierten los artículos en coleccionables.