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    Juego Limpio: crítica a la película de Netflix

    Una pareja se destroza cuando uno de ellos avanza laboralmente. De eso trata Juego de Limpio, de crisis inútiles y celos infundados.

    Juego Limpio (Fair Play) plantea una pregunta desde el inicio: Qué pasaría si tu pareja consigue un ascenso en el mismo centro de trabajo donde laboras.

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    La película no se hace problemas cuando plantea esta situación si el hombre avanza laboralmente: la mujer celebra y asunto cerrado. En cambio cuando sucede al revés, es decir, si la mujer sube de puesto, empiezan los problemas.

    Juego Limpio cuenta la historia de Emily y Luke, una joven pareja empleada en una empresa financiera que ve sometida su relación a esta prueba de fuego.

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    Emily avanza e intenta llevar consigo a Luke, pero este está más estancado en indagar por qué ascendieron a su pareja y no a él, pierde las oportunidades.

    Luke se deja llevar por sus celos y dudas, mientras Emily intenta avanzar con quien se convierte en una carga en su vida. Esta experiencia ya no es maravillosa, sino desagradable e incluso violenta. La primera escena marca el tono de la cinta cuando vemos un intercambio de besos y caricias, mezcladas con sangre. Esta toma nos dice que esta relación será intensa y hasta violenta.

    Si bien hay una pregunta por responder, los personajes no son ni buenos ni malos. Cada uno tiene una dosis de ambición, pragmatismo e ironía. Sobre todo hacia el final queda claro que ninguno merece una medalla al buen comportamiento.

    El mensaje de Juego Limpio es claro. No es lo mismo que una mujer crezca laboralmente a que un hombre pase por lo mismo. Cuando un varón avanza en su trabajo todos celebran y callan, pero, al contrario, todos murmuran e inventan historias.

    Buenas actuaciones

    La película logra que el espectador se identifique con rapidez con Emily, interpretado por la actriz, Phoebe Dynevor, protagonista de la serie Bridgerton, un personaje decidido, inteligente, pero leal con el supuesto amor de su vida, hasta el final de su vida.

    Mientras que el actor, Alden Ehrenreich, a quien vimos recientemente en Oppenheimer, como uno de los asesores del personaje de Robert Downey Jr., logra que Luke en Fair Play sea inseguro, injusto y hacia el final desconsiderado.

    Mención aparte para este buen intérprete a quien le llovieron críticas cuando protagonizó Han Solo, pero que luego ha conseguido llamar la atención por interesantes papeles como el visto en el filme de Christopher Nolan.

    Qué pasa cuando una mujer gana más dinero y ejerce un mejor puesto, pues la respuesta queda clara a lo largo de una película entretenida, bien actuada y con personajes en una permanente crisis de nervios. Recomendable.

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