La mayoría de críticas divulgadas en revistas y periódicos norteamericanos concluye que la nueva versión de Superman, titulada El Hombre de Acero (Man of Steel), es regular a mala, en otras palabras una decepción. Y es probable que hayan esperado una historia similar a la que protagonizó Christopher Reeve en 1978, porque las comparaciones eran inevitables, pero asistieron a una nueva narración de la historia que no les ha gustado. ¿Es posible que esta generación siga admirando al mismo Superman de hace más de treinta años?, ¿Es posible que sigan venerando a un superhéroe vestido de azul con un calzoncillo rojo encima del traje?.
El Hombre de Acero, dirigida por Zack Snyder, guionizada por David S. Goyer y producida por Christopher Nolan, marca un nuevo inicio de la franquicia completamente alejada de la versión de 1978. En esta nueva propuesta hay más ficción, fantasía, efectos visuales. No hay un Clark Kent tímido, torpe, débil, sino uno con conflictos existenciales, con muchas dudas y desconfianzas.
La idea central de la película, como lo reiteraron en varias oportunidades los guionistas, es que se plantee cómo es que reaccionaría la humanidad ante la presencia de ser como Superman, qué harían. Todo el filme gira sobre esa premisa porque no solo es conocer cómo es que la sociedad asimila la presencia de un alienígena, sino cómo es que Clark empleará los dones que su naturaleza le ha otorgado.
La visión de este Superman es más humana. El personaje tiene problemas que enfrentar y decisiones que tomar. No es un filme que solo luce los poderes del superhéroe con ayuda de los efectos visuales, sino que enfrenta situaciones que lo llevan al extremo.
Este nuevo planteamiento, tiene bastante coherencia. La ficción es consistente y hecha para las actuales generaciones que disfrutan del sonido y los efectos que no había por los años 70. Tiene las explosiones y destrucción que las películas de Marvel emplea para ilustrar sus narraciones, pero también una historia interesante que contar.
Lo mejor, son los coflictos morales que debe enfrentar Superman. Hay dos momentos en que debe tomar decisiones difíciles. También el enfrentamiento con la villana Faroa. Los efectos visuales la lucen y parece opacar al malvado principal: general Zod.
Las actuaciones son aceptables, pero el nuevo Superman: Henry Cavill, lo hace bien, tiene el porte y además proyecta la imagen de un niño bueno que merece un voto de confianza. La nueva Lois Lane, Amy Adams, se le ve más intrépida, osada e inquieta, característica que le ayuda a conocer la historia de Superman.
Quizás faltó explotar más el lado humano de Superman y sus dudas, además gracias a los efectos visuales todo se destruye, todo explota, a veces uno se queda sin aliento, y otra veces, sobre todo en la pelea de Superman con el general Zod, no se aprecia bien la batalla, sino más bien la consecuencia de sus golpes que son más nocivos que una bomba atómica. No se si hay un abuso de esta tecnología, cada quien decide si es suficiente o no.
El sello de Christopher Nolan está presente y es que cuando narra sus películas les dedica cierta explicación a los hechos para que el espectador entienda la historia, una cualidad que le criticaron cuando proyectó El Origen. Lo mismo pasa en El Hombre de Acero, pero qué sería de la película si Nolan no hubiera aportado en la historia.
El Hombre de Acero no es la trilogía de Batman, ni la continuación de las historias de Christopher Reeve, es una propuesta del superhéroe que las nuevas generaciones van aceptando, aunque los críticos no lo acepten, y que constituye una oportunidad para resucitar la franquicia. Véanla.



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