El corazón de la bestia, película protagonizada por Brad Pitt y dirigida por David Ayer, es una historia de supervivencia convencional.
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Dos veteranos de guerra —un militar y un perro— se refugian en la naturaleza; sin embargo, un infarto complica la convivencia de ambos en este bosque.
De esta manera, el objetivo ya no es disfrutar de los paisajes, sino encontrar el camino de retorno. En ese viaje, el soldado (el personaje de Brad Pitt) va deteriorándose poco a poco: mientras su perro se mantiene alerta y firme en la caminata, su dueño se va marchitando.
Estamos, pues, ante la típica historia de supervivencia en la que la naturaleza y el cuerpo retan al protagonista. No hay nada extraordinario en este relato, salvo el subrayar la relación entre el perro y su dueño.
El corazón de la bestia solo cuenta con dos personajes centrales. Si aparece otro al inicio es para describir el vínculo entre la mascota y el soldado, y un tercero figura para sellar el final.
El corazón de la bestia y su idea sencilla
La película está más enfocada en relatar la supervivencia y aprovechar la belleza de los bosques, pero no le interesa profundizar ni indagar en la relación de los protagonistas. Hay flashbacks que describen este vínculo, aunque no ahondan en el afecto mutuo; no hay un momento en el que se concluyan las razones de esa lealtad.
También desliza un punto interesante: el estrés postraumático en los perros, pero no va más allá de la mención de este problema.
Por eso es que la película resulta muy sencilla, por momentos emotiva y en otros tensa, pero se limita a la fórmula arquetípica del género. Incluso visualmente se hace repetitiva, principalmente por subrayar los paisajes: cuando te enfocas en solo un aspecto del filme, no queda mucho por explorar a nivel de imágenes.













