Está claro que Juego de Tronos (GOT) terminará en el 2018. Pero parece que no está claro con cuántos capítulos acabará.
El director de programación de HBO, Casey Bloys, dijo que los escritores aún no se ponen de acuerdo sobre el número de episodios finales.
Benioff y Weiss están trabajando en ello porque creo que aún están planeando cómo va a ser la última temporada. Siempre hacen lo que creen que es lo mejor para la serie. Todo se basa en con cuántos capítulos están cómodos. Pero yo siempre querría más.
En el 2018 se estrenará la temporada final. Se dijo, en un inicio, que iba a acabar con seis episodios. Luego el actor Ian Glen dijo que a Juego de Tronos le faltaba 15 horas. Es decir, siete de esta temporada y ocho de la final. Y ahora HBO dice que aún no se sabe.
Cuando una película es buena o mala se puede escribir muchas cosas, pero cuando una cinta no te dice nada, no sabe a nada, no sientes nada, entonces hay problemas. Qué se puede escribir sobre un filme que no deja nada en la pantalla grande.
Eso pasa con Assasin’s Creed, la adaptación cinematográfica del videojuego que lleva su mismo nombre. La película está protagonizada por Michael Fassbender quien está acompañado de Marion Cotillard y Jeremy Irons. Sin embargo ni este elenco ayuda a darle alma a esta película.
La libertad como botín
La película tiene un mensaje explorado hasta el hartazgo: la defensa de la libertad. Una empresa quiere obtener el código genético para evitar que nazcan más ciudadanos violentos, aunque esta manipulación implicaría limitar las libertades de la humanidad. Esta misión la hemos escuchado en varias películas, sobre las intenciones de poderosos que quieren tener a los humanos sometidos y obedientes, pero pese al mensaje, Assasin’s Creed no despega.
Su historia parece poco creíble al vincularla con sociedades secretas, términos simplones, creencias religiosas, toda una mezcla que no ayuda a darle verosimilitud.
Y a esto hay que sumarle no se aprovecha la presencia de Cotillard y Irons, quienes están en personajes que parecen más accesorios que parte del guión.
Lo bueno está en las peleas de acción. Coreografiadas, pero fluidas. Así como en el trabajo de Michael Fassbender que interpreta al Assasin principal; solo que no es suficiente.
Algunos aficionados al videojuego mencionan que la cinta es correcta, pero no emociona y se puede olvidar fácilmente al salir de las salas de cine.
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En Pasajeros Chris Pratt interpreta a uno de los viajeros que abandona la Tierra para colonizar otro planeta. El problema es que despierta antes de tiempo. Por eso, solo y sin hacer nada, deja pasar un año donde le crece la barba y el cabello.
Pero los argumentos son bien Deadpool, es decir, al estilo irreverente del superhéroe. «270 Kilos de chimichangas», «12 humillantes minutos de casting sobre un sofá». Además «Un guión de 117 páginas», «2 nerds», «7 unicornios mágicos». Y para terminar «42 cartas de negativas de Fox» y «783 millones de fans», son algunos de los motivos que sustentarían un Óscar para la cinta.
Una buena temporada
La temporada de premios ha sido generosa con Deadpool. Obtuvo una nominación al Globo de Oro a mejor comedia musical. Esta candidatura no consiguió ni siquiera El caballero de la noche, la mejor película de superhéroes del cine.
Luego apareció entre los nominados de importantes premios como PGA (productores), WGA (guionistas), Eddie (editores) y hasta en los DGA (directores) ya que su director. Tim Miller, competirá en la categoría a mejor director debutante.
Sin embargo la campaña inició meses antes con imágenes hilarantes e irreverentes, así como cartas poco serias, informales y bastante cómicas, enviadas a los votantes del Óscar.
Si la campaña funciona o no, los resultados se conocerán el martes 24 de enero, pero lo que dicen los expertos es que Deadpool tiene más posibilidades que Silencio de Martin Scorsese de llegar al Óscar.
“Lo amaba sin importar si ganaba o perdía. Solo quería que supiera que no importa… que nada cambia en mi corazón», dijo al entrevistador Stephen Colbert, en el programa Late Show.
El beso
En la noche de los globos de oro, Ryan Reynolds estaba nominado a mejor actor en una comedia o musical por su trabajo en Deadpool. Ganó Ryan Gosling por La La Land. Mientras que Andrew Garfield competía en la categoría a mejor drama por Hasta el último nombre.
Ambos estaban sentados en la misma mesa. Cuando se anunció como ganador a Gosling, Garfield aprovechó para besar a Reynolds.
Pero en la entrevista en el actor no solo reveló las razones, sino que también aprovechó para besar al entrevistador. Parece que le gusta repartir besos.
A semanas del anuncio de las nominaciones al Óscar 2017, el grupo de favoritos, que partió hace unos meses, se reduce y aparecen otras películas con potencial y posibilidades de alcanzar una candidatura. Conoceremos a los nominados el martes 24 de enero. Seguir @ELPIRATA_CINE
Nadie puede con estas películas
La La Land, Manchester by the sea y Moonlight, tienen la nominación en el bolsillo. Sus nombres aparecen en la lista que competirá a mejor película. Aunque la pelea de la temporada estará entre La La Land y Moonlight.
El trío de películas son favoritas porque la crítica las reconoce y porque los gremios, cuyo voto influye en la Academia, así lo ha determinado.
Solo faltan que mencionen sus nombres
En un segundo grupo de favoritas aparece La llegada de Denis Villeneuve. Hacksaw Ridge o Hasta el último de Mel Gibson, Hell or High Water y Lion.
Un tercer grupo destaca por su potencial y entusiasmo. Gustan pero no tanto. Aquí destaca Fences y Hidden Figures.
Rezan y rezan
Las películas que tienen que rezar por una nominación y que aparecieron como favoritas al inicio de la temporada son: Jackie, Silencio, Sully, Loving.
Sus opciones son bajas porque no han sido tomadas en cuenta en las nominaciones de los gremios, ni en los globos de oro. Sus nombres no aparecen ni se escuchan. Y si no hay bulla, simplemente la Academia los ignora.
Las posibles sorpresas
Qué películas podrían sorprender. Pues Capitán Fantástico. Y todo se caería, y su nominación equivaldría a un terremoto grado 9, si Deadpool consigue la postulación a mejor película. Ha figurado en la mayoría de reconocimientos de los sindicatos y hasta en el PGA, así que no podemos descartarla.
¿Y en actuación?
La la land es la película favorita de la temporada.
En actores parece todo dicho. Los nombres fijos son: Casey Affleck, Denzel Washington y Ryan Gosling. El resto de cupos puede pelearse entre Andrew Garfield, Viggo Mortensen, Toma Hanks y Joel Edgerton.
En actrices los nombres fijos son: Emma Stone, Natalie Portman y Amy Adams. Pelearán por la nominación Meryl Streep, Annette Bening, Isabelle Huppert y Emily Blunt.
En dirección estos tres nombres están fijos: Damien Chazelle, Barry Jenkins y Kenneth Lonergan. Hay cupos para Denis Villeneuve, Mel Gibson y Martin Scorsese. Sorprendería ver los nombres de Pablo Larrain y Denzel Washington.
¿Se acuerdan de El Orfanato y Lo imposible? Pues su director y responsable de la secuela de Jurasic World (a estrenarse en el 2018), el español, Juan Antonio Bayona, estrenó en Perú, Un monstruo viene a verme. Seguir @ELPIRATA_CINE La nueva película de Bayona es una adaptación del libro que lleva el mismo nombre y escrito por Patrick Ness. El filme cuenta la historia de un niño que afronta, prácticamente solo, el cáncer que aflige a su madre.
En ese proceso, su imaginación crea un monstruo que, con ayuda de algunas historias, lo ayuda a atravesar este proceso.
Un proceso sin reproches
Connor O’Malley, así se llama el muchacho de 12 años, se aferra a la esperanza que su madre saldrá bien del tratamiento. Pero en este proceso de cura afloran más las malas noticias que las buenas. Ningún remedio puede ayudar a su mamá. Pero él no quiere aceptarlo. Su consciente lo lleva a odiar, llenarse de ira y culpa, aunque su subconsciente empieza a aceptar que su madre tiene que partir.
En este proceso aparece un monstruo que le va contando historias con finales francamente reales. No son epílogos que uno espera. Ni felices, o que hagan justicia, o que busquen identificar a un malvado. Sino relatos tan cotidianos que suelen ser inexplicables a nuestras creencias. O a lo que nos enseñan.
Una buena idea
La principal idea de la película está en aceptar lo bueno y malo que nos prepara la vida. De lo contrario estamos condenados a vivir amargamente y morir lentamente. Connor O’Maley no quería aceptar la muerte de su madre, por eso se iba convirtiendo en un ser oscuro, aferrado a un mínima esperanza de cura. Hasta que este monstruo lo ayuda a reconocer esta realidad.
Y las otras ideas están en librarse de los prejuicios, en fijarse más en los hechos que en las palabras. Mucha gente habla, pero no hace nada. Mucha gente juzga y califica, pero es peor que las víctimas de sus prejuicios. Tenemos que ver incoherencias y obras, antes que palabras bonitas.
La película de Bayona es bastante emotiva, principalmente al final. Tiene la dosis necesaria de sentimentalismo. No hay mucho drama ni lágrima (como usualmente se ve en películas sobre cáncer), sino que asistimos a un proceso por el cual un niño no quiere renunciar a lo más preciado que Dios le ha regalado: su madre. Ni un adulto lo quiere hacer.
El momento final es lo mejor de la película, cuando una verdad lo une a su madre y lo encamina hacia su destino. Ahí viene la tranquilidad.
Hay un buen trabajo en la construcción del monstruo interpretado por Liam Neeson. Los efectos quedaron bien.
La película es bastante recomendable. Lástima que pocos puedan apreciarla en los cines.
Cuando Meryl Streep, metida en su personaje de Florence Foster Jenkins, empieza cantar. Es imposible no reirse. No se puede aguantar la risa. La carcajada fluye una y otra vez.
Streep interpretó en Florence a la peor cantante de ópera de la historia, como los críticos la calificaron en la época (hablamos de la década de los 40).
¿Pero cantaba tan mal como se le escucha en la película?
No tenía voz
Pues al escucharla en los vídeos colgados por Youtube, realmente canta mal, pero no tan mal como se oye en la película. En la vida real se nota que Florence no estaba echa para la música, pero Streep la caricaturiza y la convierte en un personaje cómico.
Se dice que Florence no se daba cuenta que cantaba mal. Creía que tenía buena voz. Su repertorio incluía la Reina de la Noche en «La flauta mágica», de Mozart, o «Fausto», de Gounod. Concluía los conciertos con «Clavelitos», la canción de Quinito Valverde, que cantaba con un mantón y una peineta arrojando flores al público (dicen que en una ocasión arrojó también la cesta).
El público iba a divertirse con su canto, pero también con su vestuario.
Llegó a grabar hasta cinco discos, que muchos los tienen por colección. La artista logró el «mejor performance» de su carrera un mes antes de morir, cuando actuó en el Carnegie Hall, en Nueva York, con las entradas agotadas semanas antes del espectáculo. «Aullidos de risa ahogaron los esfuerzos celestiales de madame Jenkins. Lo que alguna vez fueron sonrisas reprimidas en el Ritz, se transformaron en rugidos descarados en Carnegie», escribió la revista Newsweek, en 1944.
Florence Foster Jenkins.
«Es difícil cantar mal tan bien. Se puede cantar mal mal durante cierto tiempo, pero si sigues así te acabas destrozando la garganta», confesó la actriz Judy Kaye.
Se dice que las críticas aceleraron su muerte. Murió de un paro cardiaco, aunque también padecía de sífilis.
Su valentía la hizo probar un arte que no dominaba, pero igual su perseverancia la hizo inolvidable en la historia.