La invitación, dirigida por Olivia Wilde y protagonizada por Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton, se desarrolla al interior de un pequeño departamento que funciona como escenario para observar a una pareja de esposos en una aparente crisis matrimonial.
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La invitación (The Invite) es una adaptación de la película española Sentimental (2020) de Cesc Gay, que proviene de la obra de teatro Los vecinos de arriba.
Esta película de diálogos y actuaciones profundiza en las relaciones maritales, sus aciertos, crisis y obsesiones. Pero una en particular, conformada por Wilde y Rogen, está en constante vigilancia por el espectador.
Los otros esposos, Cruz y Norton, llegan para hacer notar las diferencias de la pareja anfitriona con su aparente estabilidad y peculiar forma de relacionarse. Los personajes de Wilde y Rogen los miran como una rareza, no sin dejar de juzgar su relación a través de ellos. No son su reflejo, sino todo lo contrario. Un ejemplo de química, respeto de espacios y admiración mutua, cualidades ausentes en su relación. Ellos viven en una crisis permanente plagada de críticas, gritos, insatisfacciones y frustraciones.
En ese sentido, el trabajo de los cuatro actores está bien. Wilde proyecta la imagen de la esposa controladora y obsesionada con los detalles; Rogen en el papel del esposo frustrado y cansado; Cruz, un alma libre y sincera; así como Norton, un hombre golpeado por la vida, pero dispuesto a disfrutarla.
La invitación no parece una película de interiores
Pero también debemos destacar la dirección en la escena. Si bien la historia se desarrolla en una habitación —no hay exteriores, salvo la secuencia inicial—, no se percibe que la película sea solo de interiores. Hay movimientos de cámara y composiciones que mueven el espacio y ayudan a comprender mejor las emociones de los personajes. Además, evita que la película caiga en una propuesta de teatro.
Cuando uno de ellos está molesto, principalmente Rogen, la cámara lo toma desde el cuello hacia arriba y a veces con luz en contrapicado para subrayar más su ira. Mientras que hay momentos en que la cámara retrata a las parejas desde la ventana para proyectar complicidad. La invitación no recurre a la técnica básica del plano contraplano para los diálogos, sino que hay estética, movimiento y composición.
Es cierto, prevalecen más los diálogos, pero no cansa ni aburre, precisamente por este manejo de cámara, y, además, porque los actores transitan entre el drama y la comedia señalando las idas y vueltas de los matrimonios.
La invitación es una película para aquellos que disfrutan los diálogos y las actuaciones más que el espectáculo, y, además, ofrece una mirada interna a las parejas y su convivencia.















