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Los indomables: Crítica a la película de Tito Catacora

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Nota publicada el 12 de agosto del 2024 (Por estreno en Festival de Cine de Lima)

Después de Yanawara, Tito Catacora estrenó Los indomables en la nueva edición del festival de cine de Lima.

Con el guion de Oscar Catacora, Los indomables cuenta la historia de Sapa Inca y sus huestes revolucionarias durante la revolución de Tupac Amaru y su impacto en el altiplano peruano.

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Esta película peruana es violenta en sus imágenes y sus diálogos. Pero la violencia por el lado indígena es más explícita y frontal, mientras que por el lado español es más verbal.

Se supone que la rabia indígena se desborda y no encuentra límites, pero en esta película quedan como seres crueles sin piedad ante unos rivales que no hacen más que amenazar y atacar con sus labios.

Aquí no hay buenos, solo dos bandos que intentan imponerse a la fuerza, y con sangre, si fuera posible, en una época de cambios.

TOMAS FRONTALES Y BAJOS 

El filme se cuenta con tomas frontales, es decir, los personajes dicen sus diálogos frente a las cámaras. Este es el estilo que más predomina en la película.

La primera toma bajo este estilo queda bien. Incluso es una buena bienvenida a la película, pero luego ese efecto se va diluyendo y se hace repetitivo.

Además que se desarrolla entre colores opacos, grises y fríos que intentan representar al Altiplano y los ánimos de ese momento.

LA VOZ INNECESARIA

Hay un voz en off impostada, innecesaria, que rompía con la solemnidad que intenta plantear la cinta. Esa voz me hizo recordar a las locuciones de documentales de bajo presupuesto que se transmitían por televisión.

Incluso esa voz rompe con la magia de la película cuando los protagonistas leen una carta de amor cuando se debió dejar que los actores hicieran ese trabajo.

LIMITACIONES

Esta película intenta ser más íntima, centrada más en los diálogos, pero cuando se plantea escenas de batallas se observan sus limitaciones.

Incluso no queda claro el estilo dado a la batalla final, si el movimiento de la imagen se debe a un problema técnico o es un estilo que quedó mejor en una toma anterior.

Había mucha expectativa por esta película, pero no deja un buen sabor de boca. Si se llega a estrenar a salas de cine comercial va generar bastante debate, porque difícilmente se pasará por alto su estreno. Aunque ello no quiera decir que se trate de una buena película.

 

Una batalla tras otra: Película provocadora y entretenida

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Una batalla tras otra, la obra maestra del 2025, llegó a la cartelera comercial. Sí, la película que gustó a los críticos está disponible para nosotros.

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El consenso es unánime: estamos ante una extraordinaria película de Paul Thomas Anderson y Leonardo DiCaprio. Incluso los oráculos del Óscar pronostican varias nominaciones para esta cinta de casi tres horas.

Pero ¿es una buena película esta nueva obra del director de Petróleo sangriento? Sí. No podemos negar que es un buen filme, sin dudas uno de los mejores estrenados en 2025.

Una propuesta brillante

Una batalla tras otra es brillante, porque sale del molde de la filmografía de Paul Thomas Anderson, acostumbrado a entregar propuestas más íntimas, cargadas de diálogo y buenas interpretaciones.

Esta es una película de acción que gira en torno a la relación entre padre e hija, pero con una carga política fuerte y provocadora.

Las ideas van directas a la yugular y se cuentan con sarcasmo, burlándose de aquellos que envenenan a la sociedad con propuestas absurdas y que solo buscan mantener su poder, así como el control sobre las masas.

Acción que entretiene

De esta manera, Anderson deja los diálogos íntimos para salir al exterior y narrar esta nueva historia con mucho nervio. Las conversaciones solo sirven para burlarse de lo absurdo de la situación (como la contraseña olvidada) o del razonamiento básico de los antagonistas (la escena de la erección).

Luego imprime velocidad, suspenso y un punto visual que ayuda a darle más angustia a la historia.

Por ejemplo, la persecución final de autos es perfecta. No es la típica carrera que se apoya en el chirrido de las llantas, sino que toma una perspectiva de las carreteras que oculta lo que vamos a ver a continuación, y eso hace que el suspenso sea mayor.

Tremendas actuaciones

Si el nivel técnico y de guion es bueno, las interpretaciones también. Leonardo DiCaprio se aparta de lo habitual en su trabajo. Chase Infiniti, quien interpreta a su hija Wila, es una combinación de rebeldía y ternura. Mientras que Teyana Taylor, la pareja de DiCaprio en la película, es puro fuego: un personaje tan sensual como contradictorio.

Pero las palmas son para Sean Penn. El intérprete regresa para mofarse de un hombre que busca, en lo absurdo, lograr una cuota de poder en un Estados Unidos irreconocible para el resto de la humanidad. Su caricatura está en los gestos, su forma de caminar, el color de su cabello y también en su presentación. El trabajo del actor es hilarante, rudo y frontal.

En conclusión, estamos ante una excelente película de Paul Thomas Anderson, quien ofrece otra perspectiva en su trabajo, sin dejar de provocar y poner el dedo en la llaga. No sé si es una obra maestra; eso el tiempo lo decretará. Lo cierto es que es una propuesta apropiada para estos tiempos en que la libertad parece ceder ante la ignorancia en países que hasta hace poco decían defenderla.

Nanito: Una bonita historia de amor y vejez

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La película peruana Nanito, de Guillermo Fernández Cano, transmite mucha calidez con su historia de vejez y amor.

Este filme, hecho en Arequipa, tiene como protagonista a Nanito (Guido Calderón), un viudo que intenta retomar la relación con Antonia, un antiguo amor; mientras su cuerpo se va deteriorando.

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En la primera media hora de la película observamos que el protagonista se ilusiona con Antonia; sin embargo, ella zanja con rapidez y pone paños fríos a este nuevo contacto.

Amor y enfermedad

Pero el recrudecimiento de una vieja enfermedad juega a favor de las aspiraciones amorosas de Nanito. Bien dicen que no hay mal que por bien no venga, ya que, al conocer esta noticia, Antonia evalúa la posibilidad de una relación.

¿Qué hubiera pasado si Antonia no conocía este diagnóstico médico? ¿El romance hubiera prosperado? Parece que el guion utiliza este recurso para forzar la relación.

No obstante, la enfermedad acompaña el romance. El coqueteo va de la mano de los achaques, y el antagonista de este amor no viene de las personas, sino de la misma vejez, que acelera sus efectos en el cuerpo de Nanito.

Amor y vejez

Más que una historia de amor, Nanito retrata la vejez, con sus abandonos, olvidos y decadencia. El tramo final no es necesariamente feliz para todos, pero en esta película se da un poco de esperanza a Nanito.

Nanito es una sorpresa en la cartelera peruana. El nivel técnico está a la altura del mensaje que quiere transmitir la película, mientras que la interpretación del protagonista ayuda mucho a comprender lo difícil que es envejecer.

Decimos que la cinta transmite calidez principalmente gracias al trabajo del actor Guido Calderón, quien proyecta ese respeto, experiencia y cuidado que generan los adultos mayores. Uno ve el trabajo de Calderón, recuerda a su abuelo y todos los sentimientos que provoca: querer abrazarlo y cuidarlo.

La escena en que se orina encima y termina llorando frente a un espejo habla mucho del dolor que puede originar la tercera edad.

Además, su hablar pausado a veces lastima, pero otras divierte, principalmente cuando interactúa con Martha Rebaza, la actriz que interpreta a Antonia.

La buena fotografía

Por otro lado, la fotografía está bien lograda. No solo es interesante, sino que consigue un grado de intimidad acorde con el tono de la película. Hay una secuencia en la que Nanito y Martha conversan sobre una cama y el reflejo de ambos se nota en un espejo. Quedó muy bien esa toma.

No obstante, un problema de la cinta son los diálogos: se escuchan poco fluidos o naturales. Hay poco espacio para la improvisación o la espontaneidad. Las conversaciones no son rígidas, pero en la película se perciben algo acartonadas.

En general, Nanito es una sorpresa en la cartelera peruana. El nivel técnico está a la altura del mensaje que quiere transmitir la película, mientras que la interpretación del protagonista ayuda mucho a comprender lo difícil que es envejecer.

Camina o muere: la tímida adaptación de Stephen King al cine

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Una nueva película nace de un libro de Stephen King. «Camina o Muere» es una adaptación de «La larga marcha» (The Long Walk), publicada en 1979. Esta cinta sigue el patrón de filmes similares a «Los juegos del hambre» o series como «El juego del calamar».

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En esta oportunidad, los participantes, todos jóvenes, deben caminar varios kilómetros para obtener un deseo como recompensa. El detalle es que no hay descansos. Se camina sin parar y quien se detenga recibe un balazo por parte de un soldado.

Al igual que en «Los juegos del hambre», los personajes asumen un reto de vida o muerte que los pondrá en varios dilemas éticos, y cuya fuerza de supervivencia los ayudará a avanzar a la meta.

También hay similitudes en los personajes. En este tipo de películas hay favoritos, villanos, personajes divertidos y otros exasperantes, moralistas y desagradables. Aunque es una competencia, hay un espíritu de amistad.

Caminata mortal

Del mismo modo, en «Camina o Muere», la competencia inicia como un grupo de amigos que va compartiendo sus vidas y motivaciones para participar en esta caminata mortal.

Conforme avanzan las horas, va cayendo uno a uno, más por el cansancio que por acciones de sus rivales. Sin embargo, este parece ser un cansancio más mental que físico, ya que cada uno confiesa sus pecados y luego se entrega a los verdugos militares.

En forma y fondo, esta película se parece a muchas otras del género. Un poco más corta y exponiendo más el trasfondo político, habría marcado una diferencia con el resto.

No obstante, lo interesante de esta película es que se construye una relación de amistad entre los dos protagonistas, lo que hace previsible, en un principio, quiénes serán los finalistas. Pero ese pronóstico no funciona para elegir al ganador de la carrera. Al final, gana quien más ha aprendido a sobrevivir en la vida.

Personalmente, no me gustó el personaje ganador. Él representa la voz moral de la historia, pero parece tener moralejas y consejos para todo, lo que se me hizo exasperante. Nadie lo contradecía o cuestionaba sus ideas. Su excesivo optimismo, por momentos, resultó insoportable.


Metáfora política

«Camina o Muere» también podría funcionar como una metáfora política: militares que someten con sus armas a un grupo de jóvenes.

Hacia la mitad, se devela que entre ellos no solo hay la coincidencia de alcanzar la meta, sino también de rebelarse contra la autoridad y entregar la vida, si es posible, por la libertad.

Pero este ánimo político se diluye para enfocarse en el deterioro del cuerpo humano durante una larga caminata sin descanso.

En forma y fondo, esta película se parece a muchas otras del género. Un poco más corta y exponiendo más el trasfondo político, habría marcado una diferencia con el resto.

Del cielo al infierno: Una adaptación que respeta el legado de Kurosawa

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Del cielo al infierno, la nueva película de Spike Lee con Denzel Washington, está inspirada en el filme de Akira Kurosawa de 1963 titulado El cielo y el infierno.

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Esta cinta, disponible en Apple TV, tiene como protagonista a David King, un experimentado productor de la industria musical cuya vida da un giro cuando supuestamente secuestran a su hijo. Sin embargo, los delincuentes se equivocan de víctima y capturan al hijo de su chofer.

La relación entre David y Paul es estrecha. No es una relación laboral, sino fraternal, ya que incluso el hijo de David se refiere a Paul como su tío.

Esta situación propicia un dilema ético: pagar o no pagar el millonario rescate solicitado por los secuestradores del hijo del chofer. Cabe añadir que David atraviesa una delicada situación financiera con su empresa.

La propuesta de Spike Lee

La propuesta de Spike Lee apunta a transformar a este hombre de negocios a través de una situación extrema.

Al inicio tenemos a un David más pendiente del dinero que de su familia y de la música. El filme reflexiona sobre si, efectivamente, David cambiará y pondrá por encima del dinero a sus parientes y pasiones.

No es una decisión sencilla, según se advierte en Del cielo al infierno. La situación financiera apremia y arriesgar significa no solo perder el negocio, sino también el estilo de vida.

Pero, por otro lado, existe el miedo de tomar una decisión más financiera que moral, lo cual podría cancelarlo socialmente y afectar igual a la empresa. Por eso elegir será complicado.

Spike Lee narra esta historia, primero, en interiores con diálogos que buscan colocarnos en el conflicto moral del protagonista, para luego sacar al personaje al exterior y enfrentarlo con los secuestradores en un ambiente de tensión y suspenso.

Música puertoriqueña

Las secuencias de acción de la mitad de la película están bien logradas. Por un lado, Spike Lee plantea una persecución policial con mucha acción y misterio. En el fondo escuchamos música puertorriqueña potente que eleva los sentidos en ese momento.

Luego todo vuelve a los interiores y, en el desenlace, conoceremos si el protagonista aprendió la lección y transmite un mensaje moral.


¿Mejor que Kurosawa?

Si comparamos esta cinta con la propuesta de Kurosawa, podemos decir, en general, que el planteamiento de Spike Lee respeta la esencia y la historia, pero hay algunas diferencias.

El personaje de Denzel Washington tiene más presencia en la cinta de Lee, mientras que Kurosawa equilibra la participación del protagonista con la policía.

Con Kurosawa encontramos más diálogos y escenas en interiores. A la policía, por ejemplo, la observamos resolviendo el caso entre cuatro paredes y solo hacia el final salen a la calle a capturar al secuestrador.

Lo interesante es que hay un respeto de Lee hacia Kurosawa, lo cual se nota en dos momentos. El primero, durante la persecución policial mencionada: mientras Lee incluye música boricua, Kurosawa coloca jazz. Ambos recursos transmiten un ritmo potente, rápido y frenético.

El segundo aparece hacia el final, cuando David se encuentra cara a cara con el secuestrador.

Lee juega con su estilo visual y coloca a ambos frente a frente, con imágenes que parecen fusionarse. Algo similar hace Kurosawa, aunque utiliza reflejos en las ventanas para intentar unir a ambos personajes.

La gran diferencia

No obstante, hay una gran diferencia: Kurosawa deja claro que su película aborda las desigualdades sociales y lo hace con mucha sutileza.

Por ejemplo, mientras el empresario vive cómodo en su edificio, en el resto de la ciudad (abajo, como se dice en la película) hay calor sofocante. Eso se evidencia con la presencia de ventiladores, abanicos e incluso con la aparición de adictos a la heroína. De ahí el título El cielo y el infierno, cuyo sentido se completa con el diálogo final.


En conclusión, Del cielo al infierno es una adaptación que respeta el legado de Kurosawa al estilo de Spike Lee, aunque con un énfasis en la transformación individual más que en la social.

Las muertas: un retrato policial de la corrupción

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Inspirada en el libro de Jorge Ibargüengoitia, Las muertas, estrenada en Netflix, es un perturbador relato de ambición y corrupción ocurrido en México.

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Las hermanas Arcángela y Serafina Baladro no tuvieron mejor idea de negocio que iniciar un burdel.

La suerte les sonríe al inicio, pero, cuando esta buena racha se aleja de ellas, aparecen las desgracias.

La serie de Netflix consta de seis episodios, cada uno de aproximadamente una hora de duración. Esta historia no se cuenta de manera lineal, sino que empieza soltando pistas.

El primer episodio parece introducirnos en un romance tóxico entre Serafina Baladro y el panadero Simón Corona; sin embargo, la aparición final de una de las muchachas del burdel muerta nos hace sospechar que la historia va por otro lado.

Poco a poco nos damos cuenta de que Las muertas ya no se trata de un amor imposible, sino de crímenes perturbadores.

No hay gente decente

No obstante, la historia policial va acompañada del retrato crudo, y hasta divertido, de autoridades ambiciosas y corruptas, rendidas al dinero y al placer que ofrecen las hermanas Baladro.

A veces me pregunto: ¿queda alguien decente en esta historia? Incluso observamos a un sacerdote bendiciendo la inauguración de un club nocturno.

Lo increíble de esa escena es que los personajes no se indignan por la corrupción, sino por la aparición de un homosexual reprimido que intenta conquistar a uno de los invitados a la fiesta de inauguración. Eso les molesta más que vivir de los placeres pagados con favores.

De alguna manera, Las muertas sirve para conocer una sociedad violenta y corrupta que disfruta de todo lo que el dinero puede pagar.

Un punto de vista conocido

En ese sentido, el creador y director de esta serie, Luis Estrada, no es un novato en el manejo de esta temática. Lo ha demostrado en trabajos como La dictadura perfecta o La ley de Herodes, ambas disponibles en Netflix.

Las muertas no se queda en el convencional relato de crímenes, sino que también aprovecha para describir los horrores de la corrupción y del dinero, y cómo estos elementos pueden acabar con nosotros.

De esta manera, Estrada se burla de los corruptos, se divierte mostrándolos tal como son, los desnuda y no deja a nadie fuera de esta red. Para él no hay personajes buenos, sino con precio.

Pero se ensaña más con las hermanas Baladro, a quienes retrata como dos mujeres enfermas, sin ninguna capacidad humana de arrepentimiento ni empatía.

La música es clave

En esta narración la música es clave. Con melodías propias de las películas de suspenso de los años cincuenta o sesenta, se construye una atmósfera de horror y tensión que no nos deja fuera del relato, y que se enfatiza más con una fotografía poco colorida, semejante a tonos sepia.

También hay que resaltar que la primera media hora del primer capítulo parece hacerle un homenaje a Psicosis de Alfred Hitchcock.

En conclusión, Las muertas no se queda en el convencional relato de crímenes, sino que también aprovecha para describir los horrores de la corrupción y del dinero, y busca un impacto entre los espectadores.

Merlina, segunda temporada: La protagonista ya tiene quien la ayude

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Merlina podrá hablar mecánicamente, sin transmitir emoción, mirar de manera fija y vestir oscuro, pero parece que tiene corazón.

En la segunda temporada, estrenada por Netflix en dos partes, se explora ese lado poco descubierto de su personalidad en la primera entrega. Para ello, colocan a su familia como objetivo a proteger de los seres malignos que asoman en su universo.

Se insiste en su faceta detectivesca, mejor trabajada en la primera temporada, con un estilo similar al observado en El jinete sin cabeza de Tim Burton (película de 1999 disponible en Netflix). Sin embargo, ahora se añade el factor familiar en este proceso.

Por eso, la familia Addams tiene más presencia que en la primera temporada. Esta innovación permite conocer mejor a estos personajes, vincularlos más con Merlina y llevarlos a trabajar en equipo hacia el final de la temporada.

De alguna manera, Merlina ya no está sola en esta historia, ya que no solo su familia trabaja con ella, sino también sus compañeros de colegio. Ellos identifican puntos en común y actúan como un frente unido frente a las adversidades.

Ojalá se hubiera insistido más en el lado detectivesco de la serie, pues así se habría jugado a despistar e involucrarnos más en la historia.

No obstante, el objetivo no es solo vencer en grupo a los antagonistas, sino también superar los demonios internos. Por ejemplo, Merlina pierde su habilidad de ver el pasado al tocar a una persona u objeto personal. Este talento solo lo recuperará cuando entienda el valor de la amistad.

En esta línea narrativa, incluso se juega con una Merlina más juguetona, ligera y despierta, cuando en uno de los capítulos hay un intercambio de personalidades con una de sus amigas, al estilo Un viernes de locos.

Esta fórmula suele aparecer en comedias con personajes aparentemente poco emocionales, como en el caso de Sheldon Cooper en The Big Bang Theory. En esa serie, Sheldon parece una versión masculina de Merlina, hasta que los amigos y su enamorada suavizan su personalidad y nos entregan un personaje más empático y natural.

¿Sucederá lo mismo con Merlina en la siguiente temporada? Dudo mucho que la evolución del personaje apunte a oscurecer aún más su personalidad.

Ojalá se hubiera insistido más en el lado detectivesco de la serie, pues así se habría jugado a despistar e involucrarnos más en la historia. Pero los guionistas, en esta oportunidad, optaron por explorar a una Merlina más blanca y positiva.

El conjuro, últimos ritos: sustos fáciles en lugar de verdadero terror

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El conjuro: Últimos ritos se percibe más desordenada y efectista que enfocada en la construcción de una atmósfera tensa propicia para contar el terror. Parece que la película fue concebida más para generar sustos esporádicos en los cines que para narrar una buena historia con la que, supuestamente, se despediría esta franquicia.

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Los Warren regresan para enfrentar, una vez más, a almas demoníacas que se presentan como más poderosas que las anteriores, aunque, en comparación con los demonios de las otras películas, tienen el mismo impacto que los previos.

Seamos francos: El conjuro: Últimos ritos fue llevada al cine solo para seguir asustando a la gente, presentar nuevos personajes y preparar futuros spin-off, como se hizo con La monja y Annabelle. Quizá ya haya un ejecutivo ideando una película con “el hombre del hacha”.

No creo que sea la última cinta de los Warren, y menos aún con la taquilla alcanzada en su primer fin de semana de estreno. A ello se suma la presentación de nuevos personajes con potencial para futuras entregas.

Por ello, ya no importa entregar una historia orgánica que construya, poco a poco, el suspenso y el terror. Esta es solo una serie de efectos sucesivos para asustar a almas distraídas. No hay pistas que nos vayan introduciendo en la narración ni profundización en los personajes.

El efectismo puede generar la falsa impresión de que estamos ante una buena película de terror. ¿Acaso no es mejor soltar las piezas sobre la mesa para ir armando el rompecabezas? Involucrarnos más en el juego del misterio y el terror haría valorar mejor la propuesta.

Puro cliché

Lo demás no es más que fórmula, cliché y acciones repetitivas que orquestan breves espectáculos para hacernos creer que estamos ante una película sólida de terror.

Incluso la receta se evidencia cuando presentan al novio de la hija de los Warren. Esas escenas son tan comunes que las hemos visto en casi todas las comedias románticas. Sin embargo, por una extraña razón funcionan, y ese detalle hace más larga la película.

No creo que sea la última cinta de los Warren, y menos aún con la taquilla alcanzada en su primer fin de semana de estreno. A ello se suma la presentación de nuevos personajes con potencial para futuras entregas.

Así que, terror fácil tendremos en los próximos años.

Los Roses: Un fallido homenaje a La Guerra de los Roses

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Cuando uno lee la sinopsis de Los Roses, observa que ofrecen una reinterpretación o nueva versión de La guerra de los Roses (1989), con Michael Douglas y Kathleen Turner (disponible en Disney+). Sin embargo, la nueva propuesta no tiene nada del clásico de fines de los ochenta.

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Los Roses tiene como protagonistas a la pareja conformada por Ivy y Theo. Aparentemente se llevan bien, hasta que ella empieza a tener más éxito que él. Entonces empiezan los problemas.

Esta película bien se hubiera vendido como una comedia romántica sobre la típica historia de un matrimonio en crisis y no pasaba nada. Sin embargo, se supone que está inspirada en el filme de Michael Douglas, y ahí vienen los pleitos.

En La guerra de los Roses la tensión entre la pareja se siente desde que se conocen. La película marca un tono en los primeros minutos con la primera escena de sexo desenfrenada y casi violenta que sucede entre ambos.

Los Roses quiso apelar a la nostalgia ochentera de moda en este año, pero terminó quedándose a medio camino, ofreciendo un producto que no sabía si quería parecerse a la película de 1989 o distanciarse de ella.

Poco a poco se va construyendo un conflicto matrimonial que se desata con una abierta confrontación hacia el final de la película. El romance no existe, sino la permanente pelea por imponerse uno por encima del otro.

En cambio, Los Roses funciona como una comedia romántica, agradable, por momentos divertida, que inesperadamente “rompe palitos” hacia el final de la película.

ACTUACIONES DIFERENTES

Incluso las interpretaciones son distintas entre ambas películas. En la de 1989, Turner proyecta la imagen de una fiera insatisfecha, dispuesta a apoderarse de todo lo que construye. En cambio, en la versión actual, Colman aparece risueña, por momentos cándida y hasta inofensiva. Ni siquiera parece que odiara a su marido.

Los Roses es una película engañosa que juega a la pareja no tan infeliz en buena parte de la trama, hasta desencadenar en un final poco creíble e inesperado, que no va en el tono del resto de la narración.

Ni mencionar que hay personajes innecesarios que no suman y solo alargan esta película con poco sentido.

Los Roses quiso apelar a la nostalgia ochentera de moda en este año, pero terminó quedándose a medio camino, ofreciendo un producto que no sabía si quería parecerse a la película de 1989 o distanciarse de ella. Al final vimos una cinta sin personalidad, que no homenajea ni reinventa nada en el género.

El club del crimen de los jueves: Una intriga ligera

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El club del crimen de los jueves, de Netflix, me hizo recordar a uno de los capítulos de Solo asesinatos en el edificio (Only Murders in the Building).

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En esta película de Chris Columbus (Mi pobre angelito y dos cintas de Harry Potter) se narra la historia de cuatro adultos mayores interesados en resolver crímenes reales, aunque el relato se centra en uno relacionado con la residencia donde viven.

No es la típica cinta policial en la que abundan los detalles, las pruebas clave, los interrogatorios a gritos, etcétera. Más bien, se apoya en la sagacidad y perspicacia de los “detectives”, así como en sus ocurrencias para encontrar pistas que los conduzcan al asesino.

No es una película ruda ni sangrienta, sino cálida. Eso se observa incluso en la imagen: limpia, colorida y en alta resolución, ideal para disfrutarla en casa junto a la familia.

Tampoco interesa en el guion si la residencia es un entorno agresivo o tosco para estos abuelos. Más bien, se exploran algunos rasgos personales, solo lo necesario para conocer a cada personaje. Se dice que se parece al documental El agente topo, aunque únicamente en la forma, ya que en el fondo aquella película aprovechaba para mostrar las penurias de los residentes de un asilo.

Aquí lo central es contar una historia de misterio con humor, cumpliendo con las pautas establecidas de este género.

Se parece a Solo asesinatos en el edificio en diversión, porque la serie, por ejemplo, toma sus riesgos. Sin embargo, eso no se observa en El club del crimen de los jueves.

Esta película se asemeja más a Cuarteto (Quartet) o El exótico hotel Marigold. Sus historias son similares: dulces, fraternas y entretenidas. Otro punto en común es la presencia de actores británicos de reconocida trayectoria. En este caso participan Helen Mirren (La reina), Pierce Brosnan (James Bond), Ben Kingsley (Gandhi) y Celia Imrie (El diario de Bridget Jones).

La película de Netflix no aburre; cumple con entretener y mantener atenta a la audiencia frente a la pantalla chica.